Ángel Luis Rodríguez de la Cuerda. Secretario general de la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (Aeseg)

Arrancamos un nuevo año de cierta incertidumbre en lo que respecta al entorno de los medicamentos genéricos. Un 2020 marcado por un nuevo Gobierno que tiene entre sus trabajos pendientes el desarrollo final de la normativa sobre genéricos y biosimilares elaborada a lo largo de 2019 desde el antiguo Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social en coalición con las comunidades autónomas.
El Plan de acción para fomentar la utilización de los medicamentos reguladores del mercado en el Sistema Nacional de Salud: medicamentos biosimilares y medicamentos genéricos será, con toda probabilidad, uno de los principales temas a tratar con el nuevo Ministerio de Sanidad. Un buen número de organismos representantes del sector farmacéutico —patronales y órganos colegiales, principalmente— han mostrado sus dudas y reticencias respecto al borrador de la normativa presentada desde la Administración.
A nuestro entender, el planteamiento inicial es positivo, compartimos el análisis del entorno y el diagnóstico realizado, así como parte de las medidas, ya que busca promover acciones que refuercen la posición de los medicamentos genéricos y faciliten su penetración en el mercado, algo que desde AESEG llevamos varios años reclamando. Por ejemplo, aboga por fomentar de forma progresiva la prescripción por principio activo (PPA); y también por diseñar nuevas campañas de formación e información que amplíen la visibilidad de los genéricos.
Sin embargo, también observamos medidas más economicistas que, en nuestra opinión, tendrían consecuencias negativas sobre todas y cada una de las piezas que dan sentido y forma al SNS y que afectarían al equilibrio entre los agentes sectoriales. Por ejemplo, la norma propuesta para dar exclusividad a los laboratorios que reduzcan sus precios por debajo del de referencia, una estrategia que con toda seguridad desembocaría en una situación de desabastecimiento a nivel nacional; o la devolución de los descuentos que hoy en día realizan los laboratorios de genéricos a las farmacias por dispensación.

“Sería importante promover la existencia de una diferencia de precio entre la marca y su genérico, al menos durante el primer año desde el lanzamiento de la versión genérica”

AESEG ha solicitado una revisión de estas y otras propuestas incluidas en el plan que, creemos, no son realmente medidas progenéricas. Al contrario, serían perjudiciales para el sector de los genéricos. Además, hemos remitido al Ministerio una serie de propuestas siguiendo las recomendaciones de informes recientes de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y del Comité Asesor de la Financiación de la Prestación Farmacéutica (CAPF).
Desde nuestro punto de vista, sería importante promover la existencia de una diferencia razonable de precio entre el producto de marca y su genérico, al menos durante el primer año desde el lanzamiento de la versión genérica. También incluir un sistema de aportación voluntaria en los fármacos financiados y ofrecer la posibilidad de que los consumidores opten por abonar de forma voluntaria la diferencia de precio que pudiera existir entre el medicamento de marca y el genérico. Aunque esta diferencia sería de unos pocos céntimos, debido al bajo nivel de precios existentes en nuestro país, nos permitiría conceptualmente promover una diferencia objetiva entre marcas y genéricos.
Además, se podrían adoptar ciertas medidas que fomenten ventajas competitivas en la dispensación, ayudando a los genéricos a incrementar su porcentaje de penetración en un mercado estancado en el 40% desde 2015. Siguendo líneas como éstas, fomentaría el desarrollo de la industria a nivel nacional y potenciaría un ahorro progresivo necesario para la sostenibilidad del SNS.
Un SNS que, por otra parte, lleva más de dos décadas beneficiándose del medicamento genérico, una herramienta eficaz capaz de reducir el precio del producto original, de salida, en un 40%. Desde su aparición a finales de los años 90, la industria de genéricos ha ahorrado al sistema sanitario más de 1.000 millones de euros anuales, además de dar empleo a más de 37.000 personas de manera directa e indirecta.
Es el nuestro un sector arraigado al territorio español, comprometido con el PIB nacional. Calculamos que 7 de cada 10 genéricos que se consumen en España han sido fabricados dentro de nuestras fronteras y eso es algo que no debemos perder. Debemos marcarnos un objetivo exigente pero necesario para que esta maquinaria siga funcionando, y es el de conseguir antes de 2025 que los genéricos igualen sus cifras a las de la media actual de la UE: superar el 60 por ciento del total de unidades vendidas y el 25 por ciento en valores.
Son cifras que podrían mejorar a lo largo 2020, pero para ello las nuevas normativas han de ser auténticas medidas progenéricas que desarrollen vías sostenibles encaminadas a potenciar la presencia del genérico, para que así se pueda lograr una mayor accesibilidad a los fármacos y mejorar la situación de los demás agentes implicados en el sistema.
Se necesita el apoyo de las administraciones públicas para continuar funcionando en el futuro y servir como soporte a la sostenibilidad del SNS. España debe mantener vivas y motivadas a sus compañías de genéricos para seguir adelante, porque ellas son el estímulo definitivo para lograr esa bajada de precios de las marcas que pierden su patente.n