Al comienzo de la vacunación frente a la COVID-19, surgió una polémica sobre el tipo de agujas y jeringuillas que se pueden utilizar para administrar la vacuna. Y es que se requiere de agujas especiales que permitan el aprovechamiento en cualquiera de los viales de las vacunas autorizadas.

Las más adecuadas, según explicó José Luis Cobos, vicesecretario general del Consejo General de Enfermería, son aquellas de 3 mililitros que «tienen una calibración mucho más exacta» y permiten extraer los 0,3 centímetros cúbicos necesarios para administrar una dosis. Pero, ¿y si se pudiese borrar de un plumazo cualquier discusión sobre las agujas de las vacunas?

La Universidad de Southampton, en Inglaterra, está realizando pruebas con una nueva vacuna contra la COVID-19 que se administra sin aguja. Según explica la universidad en un comunicado, se utiliza «un chorro de aire» para introducirlo en la piel. Es la primera vacuna frente al coronavirus de próxima generación y utiliza la tecnología DIOSvax de la Universidad de Cambridge. 

Se trata, así, de una tecnología de vacuna pionera que podría usarse como refuerzo dirigido a variantes del virus. Además, ofrece una alternativa futura a personas que temen las inyecciones con agujas.

DIOS-CoVax, la vacuna candidata

El Centro de Investigación Clínica (CRF) de NIHR Southampton es el que está realizando el primer ensayo de la vacuna candidata, DIOS-CoVax, que comenzó el pasado diciembre.

Para llevarlo a cabo, se ha reclutado a voluntarios sanos de entre 18 y 50 años en el área de Southampton. Uno de los requisitos es que los participantes hayan recibido las dos dosis de una vacuna contra la COVID-19, pero no la tercera dosis de refuerzo. En este ensayo de fase I se realizará un seguimiento de los voluntarios durante 12 meses, aproximadamente, para garantizar su seguridad. 

«No es simplemente otra vacuna contra la COVID-19, pues tiene en el punto de mira a variantes o futuros coronavirus. Esta tecnología podría brindar una amplia protección a un gran número de personas en todo el mundo», ha apuntado Saul Faust, investigador principal clínico y director del NIHR Southampton CRF y profesor de inmunidad pediátrica y enfermedades infecciosas en la Universidad de Southampton.

La vacuna ha sido desarrollada por el profesor Jonathan Heeney, de la Universidad de Cambridge y la empresa DIOSynVax, con financiación de Innovate UK, parte de UK Research and Innovation. Heney ha asegurado que, a medida que surgen nuevas variantes y la inmunidad comienza a disminuir, son necesarias «tecnologías más nuevas».

«Es vital que sigamos desarrollando vacunas candidatas de nueva generación listas para ayudarnos a mantenernos a salvo de las próximas amenazas de virus. Nuestra vacuna es innovadora, tanto en términos de la forma en que prepara al sistema inmunitario para que responda con una respuesta protectora más amplia a los coronavirus, como en la forma en que se administra. Fundamentalmente, es el primer paso hacia una vacuna universal contra el coronavirus que estamos desarrollando, protegiéndonos no solo de las variantes de COVID-19 sino también de futuros coronavirus», ha explicado.

Solucionar el ‘escape inmunológico’

El SARS-CoV-2 está mutando constantemente y la proteína del pico del virus (proteína S) está cambiando. Esto lleva a plantearse un posible ‘escape inmunológico’ de la vacuna. Para solucionarlo, el equipo de Cambridge buscó nuevos tipos de antígenos, que son iguales en todos los coronavirus existentes.

La mayoría de las vacunas contra la COVID-19 utilizan la secuencia del ARN para la proteína S del virus de las primeras muestras aisladas del virus en enero de 2020, pero esta nueva tecnología DIOSvax usa «métodos predictivos para codificar antígenos como la proteína Spike que imitan la más amplia».

Las células inmunitarias del cuerpo captan el vector, decodifican el antígeno de la vacuna DIOS y envían la información al sistema inmunitario. Esto, a su vez, produce anticuerpos neutralizantes, que bloquean la infección por virus, y células T, que eliminan las células infectadas por virus. «Esta tecnología está bien establecida y el ADN del plásmido de la vacuna no se incorpora al material genético humano», aseguran desde Southampton.


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