El debate sobre los contratiempos en el suministro de vacunas frente a la COVID-19 en Europa se convierte peligrosamente en una especie de guerra diplomática. Y es que, desde que el pasado viernes AstraZeneca anunciase que reduciría su envío de dosis por problemas en el suministro de su vacuna, la tensión con la Unión Europea no ha hecho más que aumentar. Y mientras la UE y Reino Unido discuten por el reparto de dosis, la gran pregunta es: ¿era predecible?.

Capacidad al límite

Lo cierto es que desde que comenzase la pandemia de la COVID-19 los expertos alertaban de la problemática que supondría el poder suministrar a todos los países de las vacunas necesarias (que podrán alcanzar los 14.000 millones). En agosto, meses antes ya de que las vacunas llegasen a los mercados, Thomas Cueni, director general de la IFPMA, la asociación que aglutina a las principales compañías farmacéuticas de todo el mundo avisaba del reto que suponía. Cueni explicó entonces que, a día de hoy, no hay fábricas de vacunas ni de envases suficientes para obtener esos miles de millones de dosis. “Como dijo Bill Gates, si solo podemos producir 300 millones de dosis en cada planta, tendremos problemas”. Normalmente, señalaba el experto, “los cinco o seis fabricantes grandes producen en total menos de la mitad de ese volumen en un año”. Y eso, teniendo en cuenta que deberían dejar de producir inmunizaciones necesarias para otro tipo de enfermedades.

Una producción delicada

El proceso de producción de una vacuna es complicado. A diferencia de otros fármacos de síntesis química, donde la producción se puede escalonar sin principales problemas. En el caso de las vacunas el proceso se complica, pues se trata de productos biológicos que se obtienen a partir de organismos vivos. Estas, por su complejidad, tienen que cumplir los máximos estándares de calidad y seguridad, produciéndose en una atmósfera controlada y bajo estrictas condiciones de asepsia. En promedio, se necesitan entre 12 y 36 meses para fabricar una vacuna antes de que esté lista para su distribución y contando siempre con que no surjan problemas durante los procesos de fabricación.

No obstante, en la situación actual de pandemia, las compañías desarrolladoras de vacunas decidieron iniciar la producción de sus vacunas candidatas antes de saber si estas conseguirían finalizar todas las fases de investigación y desarrollo: es lo que se denomina fabricación a riesgo.

Mercado competitivo

“Esto puede funcionar en las carnicerías de barrio pero no en los contratos”, aseguraba la Comisaria europea de salud, Stella Kyriakides en respuesta al argumento esgrimido por AstraZeneca asegurando que Reino Unido había firmado antes el suministro de dosis. Lo cierto es que el mercado global de vacunas siempre se ha movido, como quien dice, por “orden de llegada”. Sin ir más lejos, los países de todo el mundo, conocedores de las limitaciones de suministro, se apresuraron a cerrar la compra de vacunas para la campaña de la gripe de este año.

De hecho, la propia Organización Mundial de la Salud instaba en verano a los países a priorizar a ancianos y trabajadores de la salud en las vacunaciones de la gripe ya que, aseguraban “existe la posibilidad de una escasez mundial de las inmunizaciones”.