La modificación genética de un animal consiste en la alteración de su material genético mediante la inserción, la modificación o la eliminación de determinadas secuencias de ADN. Su objetivo es modificar las características específicas de un animal o introducir un rasgo nuevo, como la resistencia a la enfermedad o el estímulo del crecimiento. Los cambios introducidos en la constitución genética de un animal pueden transmitirse a la siguiente generación. Las alteraciones genómicas en animales también se utilizan para modelar enfermedades humanas, lo que permite a los científicos estudiar dichas patologías y desarrollar tratamientos. Uno ejemplo de ello son los ratones modificados genéticamente utilizados para investigar el cáncer o enfermedades neurodegenerativas.

Hace apenas unas semanas, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) dio pasos importantes para avanzar en este campo. Los documentos de orientación actualizados del organismo regulador americano subrayan su compromiso de modernizar aún más su enfoque para evaluar y apoyar el desarrollo de productos animales y veterinarios innovadores con el fin de aumentar la flexibilidad, previsibilidad y eficiencia de la reglamentación. «Reconocemos que las innovaciones en biotecnología animal ofrecen enormes oportunidades para avanzar en la salud humana y animal, y que nosotros, como agencia, necesitamos mantener nuestro enfoque normativo al día con la evolución de la ciencia», expresó Tracey Forfa, directora del Centro de Medicina Veterinaria de la FDA.

Las alteraciones genómicas intencionadas (IGAs, por sus siglas en inglés) en animales pueden realizarse utilizando tecnologías moleculares modernas, que pueden incluir cambios aleatorios o dirigidos en la secuencia del ADN, incluyendo inserciones, sustituciones o deleciones de nucleótidos, u otras tecnologías que introducen cambios específicos en el genoma del animal. Los AGIs en animales tienen muchos usos diferentes, incluyendo aplicaciones en la salud humana. Por ejemplo, en la reducción de la alergenicidad; animales ‘biofarmacéuticos’ que producen sustancias, generalmente en su leche o huevos, para su uso en la producción de terapias humanas; animales utilizados para modelar enfermedades humanas, en la mejora de la salud animal, el bienestar y las prácticas de cría (por ejemplo, resistencia a las enfermedades, tolerancia al calor), y en la mejora de la producción y la calidad de los alimentos (por ejemplo, crecimiento más rápido, eficiencia alimentaria, beneficios nutricionales). 

En la Unión Europea, las nuevas técnicas genómicas (NGT) están actualmente en discusión, aunque están fundamentalmente dirigidas a las modificaciones de genoma de plantas. Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) explica a El Global que «hubo una propuesta de la Comisión Europea en julio del año pasado que fue refrendada por el Parlamento Europeo en febrero, pero que todavía tiene que ser aprobada por el Consejo Europeo. Pero en estos momentos no tenemos nada específico similar a lo ocurrido en Estados Unidos».

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) explica que, aunque esta tecnología se ha utilizado hasta la fecha en vegetales de producción agrícola y en microorganismos destinados a la producción de enzimas, también se está investigando la posible aplicación de técnicas de modificación genética en animales. Actualmente no existen animales modificados genéticamente ni productos derivados en el mercado de la UE ni se han recibido las solicitudes de autorización correspondientes. Sin embargo, los avances científicos indican que en el futuro podrían recibirse tales solicitudes a propósito de diversas especies. Por consiguiente, la Comisión Europea ha pedido a la EFSA que elabore unas orientaciones exhaustivas en materia de evaluación del riesgo que puedan utilizar las compañías y los organismos de evaluación del riesgo para evaluar los posibles riesgos para la seguridad de alimentos y piensos y para el medio ambiente, así como los aspectos relacionados con la salud y el bienestar de los animales.

Respecto a la situación europea, Montoliu precisa que «en algún momento tendremos que revisar y discutir por qué estamos en una situación distinta a la del resto del mundo«. «Solamente hay dos zonas en el mundo que son contrarias a la aplicación natural de estas nuevas tecnologías. Una de ellas es la Unión Europea y la otra es Nueva Zelanda, que parece que está próxima a cambiar de posición, mientras que el resto del mundo ha optado por no regular estas técnicas como si fueran organismos modificados genéticamente y permitir su explotación, lo que repercute en unos mejores niveles de innovación y de competitividad», añade.

Los animales, como cualquier otro ser vivo, pueden ser optimizados, de tal manera que sean más resistentes a infecciones o que produzcan una mejor calidad de alguno de los productos que aprovechamos, ya sea la leche, la carne o la lana. «Hay diferentes propuestas que ya están hechas a nivel de laboratorio y que afectan a diferentes animales de granja, principalmente a ovejas, cabras, cerdos, y en menor medida, a vacunos. En Estados Unidos la FDA aprobó una mutación inducida por CRISPR sobre ganado vacuno que, de alguna manera, corta el pelo de su cuerpo y lo hace más resistente al calor. La mutación se conoce como slick y provoca la inactivación del receptor de la prolactina. Este tipo de mejoras o este tipo de actuaciones, para nada están contempladas todavía aquí en la UE. En la Unión Europea nos queda todavía mucho y estamos muy alejados de lo que está ocurriendo en el resto del mundo», explica Montoliu.

La FDA está comprometida a colaborar con sus socios reguladores en todo el gobierno federal para garantizar que las alteraciones genómicas aprobadas sean seguras para el animal, para las personas, y que el producto haga lo que dice hacer. El 18 de abril de 2024, la FDA y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) firmaron un Memorando de Entendimiento (MOU, por sus siglas en inglés) que se aplica a las actividades de la FDA relacionadas con IGAs en animales que también están sujetos a ciertas autoridades del USDA. «El MOU establece políticas y procedimientos para mejorar el intercambio de información entre las agencias, describe los roles regulatorios de las agencias y promueve la coordinación de las responsabilidades regulatorias de manera que permita un proceso regulatorio eficiente y sin fisuras. No modifica ni añade requisitos reglamentarios para los promotores», explicó la FDA.

Los métodos que se utilizan para identificar y estudiar las alteraciones genómicas en animales son los mismos que se emplean en plantas o en cualquier otra especie de ser vivo. Montoliu sostiene que las herramientas CRISPR pueden utilizarse para muchas indicaciones. Cuando estamos hablando de biotecnología, esencialmente, las modificaciones que se plantean son de inactivación.


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