El desarrollo de vacunas está viviendo una nueva era. Así lo afirma un artículo publicado en el New Engand Journal Of Medicine. Pero en un momento en que la investigación sobre vacunas está tan avanzada, con la irrupción de enfermedades nuevas como el Covid-19, surgen varios interrogantes.

Durante las últimas décadas, brotes como el del ébola o el zika han exigido a la comunidad científica y a la industria farmacéutica que ‘pise el acelerador’. Tanto en el desarrollo de tratamientos para los afectados como en vacunas para prevenirlas. Mientras que a la hora de encontrar el tratamiento más adecuado existe la posibilidad de probar fármacos aprobados para otras indicaciones, en el caso de las vacunas se complica. Existe el antecedente de las vacunas contra la gripe, que se desarrollan a un ritmo más rápido que el resto. Desde el NEJM explican que esto se debe a que existen desarrollos para varias cepas de la enfermedad, lo que hace que se cuente con un mayor conocimiento de base.

Llegar a tiempo

Una de las principales preocupaciones que comparten los investigadores es lograr una vacuna a tiempo para frenar el brote. Ya se cuenta con antecedentes en casos como el zika o el ébola donde las epidemias se detuvieron antes de que se encontrase una vacuna. Esto trastocó los planes de las autoridades regulatorias y agencias de financiación, quienes tuvieron que reasignar los fondos que habían destinado a este fin. Otra de las repercusiones de este hecho es que las compañías que estaban trabajando en el desarrollo de la vacuna sufrieron grandes pérdidas.

Otras compañías decidieron seguir con el desarrollo de la vacuna a pesar de la detención del brote. En estos casos, pudo utilizarse en los brotes más recientes que ha habido de esta enfermedad en la República Democrática del Congo.

Sin embargo, la revisión de estas experiencias ha llevado a la comunidad científica a extraer varias conclusiones. La primera, que existe una imperiosa necesidad de desarrollar nuevas plataformas de I+D en vacunación que puedan adaptarse a la aparición de nuevos patógenos. En Estados Unidos, el Instituto Nacional de Alergología y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) ya ha comenzado a invertir en este enfoque. Así, desde el NIAID ya lideran una iniciativa para aprobar el desarrollo temprano de estas plataformas y testarlas con ‘prototipos de patógenos’ de diferentes familias virales.

Unión de fuerzas

En este sentido, la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI), está respaldando el desarrollo de vacunas contra cinco patógenos diferentes. Estos, están en una lista propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El CEPI es una organización internacional no gubernamental. Está financiada por Wellcome Trust, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Comisión Europea y ocho países (Australia, Bélgica, Canadá, Etiopía, Alemania, Japón, Noruega y el Reino Unido).

El objetivo es desarrollar reservas de vacunas en investigación para cada patógeno una vez que estas hayan completado los ensayos en fase 2a. Desde este punto, se esperará a que se sometan a ensayos clínicos en los futuros brotes que puedan surgir. Desde el CEPI también se preparan para la ‘Enfermedad X’, una nueva enfermedad con gran potencial epidémico que acuñó la OMS hace unos años.

Acelerar los procesos

Para poder responder a la aparición de nuevas enfermedades infecciosas, ya se están desarrollando diversas plataformas. De entre ellas, las basadas en ADN y ARN, así como las de subunidades recombinantes son las que tienen un mayor potencial de velocidad.

La principal ventaja de las vacunas de ARN y ADN radica en que se pueden desarrollar rápidamente porque no precisan de cultivo ni fermentación. Para desarrollarlas se utilizan procesos sintéticos. Además, los investigadores señalan que con la experiencia acumulada con estas tecnologías para vacunas oncológicas, se pueden facilitar las pruebas y su rápida liberación.

Hasta el momento no hay vacunas ARN aprobadas. Aun así, varias de ellas han entrado ya en fase de ensayos clínicos y los reguladores tienen conocimientos y experiencia para revisar las solicitudes sobre este tipo de vacunas.

Uso de la secuenciación y la genética

Dos de las herramientas que más pueden contribuir un rápido desarrollo de vacunas son la secuenciación de última generación y la genética inversa. Estas, tienen un papel fundamental en el desarrollo de vacunas durante epidemias.

Pero a pesar de contar con plataformas innovadoras y nuevas herramientas, el desarrollo de la vacuna contra el SARS-CoV2, genera varios desafíos. En primer lugar, la proteína de espiga de este virus, es un inmunógeno prometedor para la protección contra este coronavirus, es fundamental trabajar en la optimización del diseño del antígeno para garantizar una respuesta inmune óptima. El debate sobre el mejor enfoque continua al discernir si esta vacuna debe dirigirse a la proteína de longitud completa o al dominio de unión al receptor.

Otro de los factores al que atienden los expertos es que la experiencia preclínica con vacunas candidatas para el SARS y el MERS. A este respecto, exite preocupación acerca de la exacerbación de la enfermedad pulmonar. Los investigadores señalan que este efecto adverso se puede relacionar con una respuestas de las células T auxiliares tipo 2. Por ello es fundamental atender a este factor en las pruebas en modelos animales, e incluirlo como una variable crítica en términos de seguridad.

En tercer lugar, aluden a que aunque se puede establecer una correlación con la protección de las vacunas generadas para el SARS y el MERS, todavía no hay evidencias suficientes. Entre las principales preguntas que surgen, se encuentran las relativas a la duración potencial de la inmunidad o si una dosis única será suficiente.

Evolución respecto al desarrollo tradicional de vacunas

En condiciones normales, el desarrollo de una vacuna puede extenderse durante varios años. Se requieren diferentes candidatos, y es necesario probar la eficacia y seguridad de los mismos hasta conseguir una que cumpla los criterios. Como consecuencia del alto margen de error de la I+D en vacunas, los desarolladores suelen seguir un proceso lineal. En este, se detienen en cada fase para realizar un análisis pormenorizado de los datos.

Esto se aplica al desarrollo habitual de vacunas. En el contexto de una nueva pandemia, como es el caso, el objetivo es iniciar cuando antes su investigación y desarrollo. Para ello, se arranca rápidamente el proceso de investigación, ejecutando los pasos que sea posible en paralelo. A veces no se corroboran igual que en los casos más habituales los datos de una determinada fase para pasar cuanto antes a la siguiente, lo que también repercute en un riesgo financiero elevado. Una de las medidas que se está aplicando con la vacuna del SARS-CoV2 es la de empezar las experiencias en humanos antes de finalizar la fase en modelos animales.

Centrándonos en este SARS-CoV2, en cuanto China confirmó que el brote estaba causado por un nuevo patógeno, comenzaron los contactos con el grupo del CEPI encargado de desarrollar la vacuna contra el MERS. También, con aquellos grupos centrados en el desarrollo de vacunas a través de nuevas plataformas. Así, una vez se conocieron las primeras secuencias genéticas, se comenzó a trabajar. Es el caso de la compañía biotecnológica Moderna, que comenzó los ensayos clínicos con su vacuna basada en ARN tan solo diez semanas después de conocer estos datos. También en China, una vacuna no replicativa basada en vectores obtuvo la autorización para comenzar las fases en humanos prácticamente a la par que Moderna. Está previsto que otras vacunas basadas en ácido nucleico comiencen con su Fase I en el mes de abril.

Producción de la vacuna

Cabe destacar también que en algunos casos se trata de acelerar la Fase 2 de los ensayos para finalizar el estudio cuanto antes. En estos casos, se plantea la producción de la vacuna antes de contar con datos sólidos de seguridad e inmunogenicidad. En este sentido es importante garantizar que se cumplen todos los criterios antes de pasar a la producción a gran escala de este producto.

Tampoco hay evidencias acerca de que las nuevas plataformas de desarrollo de vacunas posean una alta escalabilidad. Esto hace que sea más importante si cabe asegurar que las vacunas van a ser eficaces y seguras para centrar la producción en aquellas que vayan a otorgar mejores resultados.

Como ya se ha planteado en varios países, realizar ensayos clínicos en este contexto genera unos desafíos adicionales. Entre ellos, identificar aquellos puntos donde es necesario que haya más participantes para hacer que la vacuna esté disponible en ellos. Asimismo, hay que prever el período en que vaya a haber una mayor eclosión de vacunas en pruebas para no sobrecargar a las agencias reguladoras con resultados de múltiples ensayos.

Otro de los problemas que puede surgir es que dada la mortalidad que registra el Covid-19, enfermedad desencadenada por el SARS-CoV2, haya países que no acepten ensayos controlados aleatorios con grupos de placebo. Ante este reto, aunque se pueden utilizar otros métodos, los ensayos doble ciego suelen ser los más fiables para interpretar resultados. Otro de los métodos que se propone es probar varios tipos de vacuna de manera simultánea en un ensayo adaptativo, para que más participantes de los mismos reciban una vacuna activa. Los problemas de este enfoque se darían en los planos logísitco y estadístico. También es necesario señalar que los desarrolladores suelen evitar este tipo de ensayos que enfrentan a dos fármacos en desarrollo entre sí.

Hacer frente a la situación

Uno de los problemas de la comunidad científica es que en casos como este, necesita recaudar fondos adicionales para poder hacer frente a la investigación. Sobre todo, teniendo en cuenta el alto número de dosis de la vacuna que se precisan en una situación de pandemia y, por tanto, la alta capacidad de producción necesaria. Mientras que este problema puede ser anecdótico en países con altos ingresos, para otros con bajos recursos si puede suponer una problemática. Para solventar este punto, ya se están llevando a cabo conversaciones para organizar los recursos de cara a garantizar el acceso a vacunas de manera equitativa.

Otra de las características de las pandemias es que suelen generar una demanda de vacunas a nivel global. Por ello, se necesitarán estudios clínicos y serológicos para determinar las poblaciones en mayor riesgo y establecer un sistema de distribución justo. Desde el G7 ya se ha demandado un sistema global que planifique este aspecto simultáneamente al desarrollo de la vacuna.

En el caso de que la pandemia de Covid-19 termine de manera abrupta y antes de que se cuente con una vacuna, se anima a no detener el desarrollo de la misma. Los expertos apuntan a que se siga trabajando en su desarrollo para evitar que se repita un brote de estas características. Tampoco creen que se deba dejar de lado un sistema de financiación global para asegurar una producción a gran escala. En este consideran fundamental la combinación de dos factores: evitar las pérdidas de los socios del sector privados y asegurar que la vacuna esté disponible en todos aquellos puntos del globo donde se necesite.


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