Controlar la pandemia

Como cada año, la Fundación Fernández-Cruz ofreció una lección memorial, que se centra en cada edición en un tema de actualidad sanitaria. Como no podía ser de otra manera, este año el protagonista fue el SARS-CoV-2 y la enfermedad que desencadena: la COVID-19.

En esta ocasión, Clifford Lane, director de Investigación Clínica del Instituto Nacional de Alergias  y Enfermedades Infecciosas (NIAID) del Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos, fue el encargado de ofrecer la lección memorial. Su intervención se basó en analizar la naturaleza de este betacoronavirus para ver de qué manera se pueden desarrollar tratamientos que ayuden a abordarlo.

Características del SARS-CoV-2

Una de las peculiaridades del SARS-CoV-2, según Lane, es que tiene un genoma relativamente grande formado por cuatro proteínas: la de espiga (S), la envoltura la matriz y la nuclear. La proteína S es  la que permite que el virus se adhiera a las membranas de las células del hospedador, en concreto al receptor ACE2. Este dato es importante a la hora de investigar vacunas y tratamientos eficaces.

Clifford Lane (Fuente: NIAID)

Al hablar de la enfermedad, una de sus características es que hay un gran número de personas asintomáticas difíciles de diagnosticar. En concreto, Lane detalló que se estima que un 80 por ciento de infectados pasan la enfermedad sin síntomas o de manera leve, un 15 por ciento de grado moderado a severo y un 5 por ciento llegan a la fase crítica. El experto remarcó que es necesario saber en qué fase de la enfermedad está cada uno para ver la manera de intervenir.

Pero, lo más importante en palabras de Lane, es que por el riesgo asociado a la enfermedad, los pacientes tienen derecho a acceder tratamientos que mejoren su condición; eso sí, subrayó la necesidad de que los tratamientos que se administren cuenten con una evidencia sólida que los respalde. También Lane incidió en la necesidad de seguir trabajando en estrategias de prevención para ver de qué manera se puede minimizar la propagación del virus y evitar nuevos contagios. Aquí, destacó la necesidad de mantener y reforzar medidas como el uso de la mascarilla, el distanciamiento físico y la higiene de manos. En materia de prevención también se refirió a las vacunas, señalando que más allá de ver que las vacunas son efectivas contra las dianas terapéuticas seleccionadas habrá que hacer un seguimiento minucioso para ver si estas tienen una eficacia clínica consistente.

Investigación clínica

En términos de investigación clínica, Lane indicó que desde el principio de la pandemia se han realizado un gran número de ensayos clínicos, aunque esto no es necesariamente positivo. En esta línea el experto advirtió de que, a pesar de que se han publicado muchos datos sobre diversas materias, un gran número de estudios no tienen ‘alta potencia estadística’. Otro de los problemas al que apuntó es que, en muchas ocasiones los estudios se han diseñado con endpoints difusos que no permiten determinar claramente si se cumplen los objetivos.

A nivel terapéutico, concretaba Lane, se han estudiado múltiples estrategias. Antivirales, inhibidores de la quinasa o la interleuquina, corticoides… Para ver cuál puede ser más efectivo, tal y como comentaba anteriormente el experto, es determinante conocer la etapa de la enfermedad en que se encuentra el paciente. Y es que, aunque a priori los análisis no estaban pensados para subgrupos, en determinados fármacos se pueden ver grandes oscilaciones en función de la gravedad del paciente.

Tratamientos por subgrupos

Los primeros tratamientos a los que aludió Lane fue los antivirales. Explicó que su eficacia es mayor cuanto antes se administre a los pacientes, antes de que la duplicación del virus sea masiva. En momentos posteriores precisó que se empezó a estudiar el efecto de la cloroquina e hidroxicloroquina puesto que en otros virus amenazaba su estabilidad; el problema que encontraron en los estudios en que no se demostró que actuase así en este coronavirus en concreto.

Otras de las terapias a las que se refirió Lane fueron las basadas en anticuerpos. Primeramente explicó que se están llevando a cabo estudios con plasma convalenciente, que han sido prometedores con otras enfermedades; aunque en COVID-19 hay un gran interés por esta técnica, el especialista indicó que por la manera de diseñar los ensayos, todavía no se han podido obtener diseños concluyentes.

Una terapia similar es la basada en inmunoglobina hiperinmune, ya utilizada en otros citomegalovirus o como profilaxis preexposición en varicela; Lane exponía que actualmente hay dos estudios aleatorizados en marcha dentro de la red Insight, fruto de la colaboración público-privada.

Entre los hallazgos más recientes, se encuentra el posible impacto positivo de la dexametasona en pacientes graves de COVID-19. Lane apuntó que los primeros datos reflejan una reducción de la mortalidad del 36 por ciento en pacientes con ventilación mecánica, y en un 18 por ciento en pacientes que recibían oxígeno.  


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