Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “El cambio climático influye en los determinantes sociales y medioambientales de la salud, a saber, un aire limpio, agua potable, alimentos suficientes y una vivienda segura”. Este mismo organismo estima que, entre 2030 y 2050 el cambio climático causará unas 250.000 defunciones adicionales cada año, por las consecuencias derivadas del mismo.

Para frenar la magnitud que está alcanzando este problema y tratar de reducir el impacto del cambio climático en la salud de las personas, la OMS insta a crear alianzas, concienciar utilizando la ciencia y los datos, así como ayudar a los países a poner en marcha medidas encaminadas a obtener una mejora respuesta ante este problema. Desde el ámbito clínico, los expertos también coinciden en estas ideas.

Factores condicionantes

Actualmente existen diferentes estudios que evalúan el impacto del cambio climático en la salud. Como especifica Carlos Cabrera, neumólogo del Hospital Universitario Dr. Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, “hay muchas evidencias sobre salud respiratoria y cambio climático, aunque en los últimos meses no surgen tantas en este tema porque en la especialidad, la mayoría se orientan a la COVID-19”.

Cabrera detalla que en estos, lo que más se documenta es “la implicación de la polución en enfermedades respiratorias pero que, en cuanto a cambio climático, es más difícil encontrar grandes estudios”. No obstante señala que sí que hay estudios sobre hechos concretos como el relativo a “los efectos de la ola de calor que se registró en Estados Unidos y Canadá en verano de 2021, sobre la que se cifraron más de 180 fallecimientos de los cuales el 99 por ciento estaban relacionados con el cambio climático”.

También Felipe Villar, vicepresidente de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica Neumomadrid y jefe asociado del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, refiere que “cada vez hay más artículos que apuntan a un aumento de la mortalidad por el aumento del calor, en mayor medida que por épocas de mucho frío”. Así, concluye que “se está observando que en pacientes con problemas respiratorios se ven cada vez más afectados por épocas de temperaturas altas que por aquellas de temperaturas más bajas como se solía creer”.

Respuesta ante el problema

La respuesta ante los problemas derivados del cambio climático en salud debe abordarse desde varias perspectivas. Para Carlos Cabrera, “aunque son varios los organismos desde los que se debe actuar, la respuesta “debe partir desde el Ministerio de Sanidad, teniendo en cuenta también que los profesionales de la neumología recibimos a los enfermos que pueden venir agudizados en sus enfermedades por el cambio climático”. En este sentido, alude a que “desde el ámbito político deben ponerse medidas suficientes para reducir la huella de carbono y así el impacto medioambiental”.

Felipe Villar expresa que, bajo su punto de vista, “es fundamental revisar los programas de formación a nivel global sobre qué es el cambio climático y qué consecuencias tiene; aquí deben incluirse aspectos específicos como puede ser el uso del inhalador o los programas de autocuidado para los pacientes”. Esto, teniendo en cuenta que en enfermedades como la EPOC y el asma, el uso de inhaladores para su manejo es muy frecuente. Y es que para Villar esta formación es muy importante también para los pacientes puesto que “cuanto mejor formación tengan a nivel respiratorio, mayor adherencia tendrán a los inhaladores y mejor uso harán de ellos, reduciendo la huella de carbono”.

Lo siguiente, añade, debería ser “trabajar tanto a nivel ‘macro’ como ‘micro’ en los diferentes niveles de gestión; desde el punto de visto de ayuntamientos, consejerías… deben formularse programas de prevención para evitar los daños causados por el cambio climático”.

“Cuanta mejor formación tengan los pacientes, mayor adherencia tendrán a los inhaladores y mejor uso harán de ellos, reduciendo la huella de carbono”

Felipe Villar, vicepresidente de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica Neumomadrid y jefe asociado del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz

A este respecto, Cabrera considera que “todavía no hay una respuesta coordinada”. Pero a pesar del camino por recorrer, en España comienzan a darse los primeros con el foco en este problema. Por ejemplo, el Ministerio de Sanidad, en coordinación con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, ha puesto en marcha el Plan Estratégico de Salud y Medio Ambiente (PESMA); asimismo, la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) incorporaba este año una nueva Unidad centrada en la investigación y formación sobre Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano.

No obstante, aunque siga faltando una respuesta conjunta coordinada, desde los casos particulares cada vez se impulsan más acciones con este objetivo. Villar explica que desde el hospital en el que trabaja tiene prevista “una reunión con el Ayuntamiento de Madrid para ver cómo mejorar la salud de los madrileños a través de la mejora en medio ambiente”. Y cree que este tipo de encuentros se incrementarán con el tiempo. “Es un problema que nos afecta a todos y que la mayoría tanto de empresas privadas como organizaciones públicas van a empezar a colaborar entre ellas para reducir tanto las emisiones como la huella de carbono”, asevera.

Trabajo desde la clínica

Por otra parte, es importante integrar esta vertiente de salud y cambio climático en la práctica clínica. Siguiendo este hilo, Cabrera precisa que este trabajo “está empezando”. Así, concreta que “se está impulsando la creación de una alianza desde el Consejo General de Colegios Médicos (CGCOMque por ahora contiene a todos los colegios y al mismo tiempo se está hablando con varias sociedades científicas para que se adhieran”.

El próximo paso sería, afirma, “el acercamiento al Ministerio de Sanidad, para definir qué lugar ocupamos en el plan sobre cambio climático y salud; este proceso está empezando a levantarse, con un grupo de trabajo constituido recientemente que alberga objetivos ambiciosos para aunar a todos los profesionales involucrados”.

En esta idea de la unión coincide Villar, insistiendo en lograr un punto común entre “organismos públicos, sociedades científicas y asociaciones de pacientes”. Siguiendo este hilo agrega que “médico y paciente han de estar unidos para luchar contra el cambio climático, implementando más programas formativos para lograrlo”.

Hacia la descarbonización

Los profesionales se muestran de acuerdo en que todavía, a niveles generales, falta concienciación en el sector salud sobre la importancia de la reducción de la huella de carbono. En palabras de Cabrera, “el sector está poco conectado todavía con la importancia del cambio climático y la salud, no se ha logrado trasladar el mensaje del impacto real que tiene en la salud de los pacientes”. Con el fin de empezar a ahondar en este aspecto, insta a “comenzar por la concienciación del colectivo”. Desde un prisma más positivo, el especialista alude a que, entre los primeros pasos en este punto, “ya se han conseguido recomendaciones de algunas administraciones para apostar por inhaladores que dejen una menor huella de carbono, pero todavía queda acción política para lograrlo”.

De la misma manera que habla de inhaladores, Cabrera se refiere a tener en cuenta estos principios en el uso de gases anestésicos, optando por las mejores opciones en términos de impacto sobre el cambio climático. Pero, en el caso concreto de los inhaladores, para el experto el fondo de la cuestión reside en “priorizar la mejor opción” abogando también por la concienciación. En definitiva, el experto cree que “hay que optar por inhaladores de polvo seco, que pueden ser utilizados por una amplia mayoría de la población”.

“Hay que optar por inhaladores de polvo seco, que pueden ser utilizados por una amplia mayoría de la población”

Carlos Cabrera, neumólogo del Hospital Universitario Dr. Negrín de Las Palmas de Gran Canaria

En este sentido, dice que “debería ser la administración central quien emitiese esta recomendación, como han hecho regiones como Canarias o sociedades como NeumoMadrid, siguiendo también esta senda en el uso de gases fluorados, dando prioridad siempre a aquellas alternativas más sostenibles”.

Para alcanzar este objetivo, Cabrera expone propuestas tales como “incorporar una tasa ecológica a los fármacos o que en los concursos públicos se prioricen las empresas que tengan una menor huella de carbono”.

A nivel de hospitales, el experto aboga por “concienciar sobre la importancia de contar con luz de bajo consumo, racionalizar el uso de los equipos o aumentar el reciclaje”.

Por su parte, Villar propone “optimizar los actos médicos para prevenir la huella de carbono en base a un concepto de salud responsable, mejorar los protocolos para evitar la sobreproducción -incluyendo el sobretratamiento y la sobreproducción de pruebas diagnósticas- u otras no propias del ámbito sanitario pero que tienen impacto, como favorecer la transitabilidad de los pacientes y el personal médico en medios de transporte sostenibles”.

Visión de los pacientes

Desde la Asociación de Pacientes con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (APEPOC), Nicole Hass, portavoz y asesora técnica, coincide con los expertos en que se necesita “más información seria, adaptada a un lenguaje comprensible y un mayor apoyo e interrelación con las sociedades científicas e instituciones, y que se nos tenga más en cuenta”. En definitiva, Hass demanda “recomendaciones factibles y entendibles”. También insta, como mencionan los especialistas, “aclarar conceptos como la diferencia entre contaminación y cambio climático”. Sobre este punto, añade que es un punto en el que incidir puesto que “si bien es cierto que siendo las afecciones de la contaminación atmosférica un hecho localizado espacialmente y con una escala de tiempo de días, semanas… frente al cambio climático cuya escala temporal es de décadas o siglos y efectos globales en todo el mundo, resulta más sencillo visibilizar la asociación entre los efectos en la salud de la contaminación que de las afecciones del cambio climático”.
La portavoz de APEPOC señala que en el caso de la salud respiratoria, todos los factores tienen impacto. Por ejemplo, se refiere a fenómenos como la subida del precio de la luz y el impacto que puede tener para personas que dependen de este suministro para recibir oxígeno.
En definitiva, resalta que “las propias asociaciones de pacientes deben de fomentar la corresponsabilidad del paciente en cuanto al cambio climático y la contaminación atmosférica”. Para ello, precisa, “los pacientes necesitan información veraz y fiable de las sociedades científicas y otras fuentes que aporten evidencia; el trabajo en equipo y coordinado es crucial, con un mayor y mejor contacto institucional, más comunicación, más empatía y más comprensión”.


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