Si hay un leitmotiv que se ha repetido más que nunca durante los últimos meses, es la necesidad de sustituir el concepto de ‘gasto’ por el de ‘inversión’ a la hora de hablar de sanidad. Esta es también una de las principales conclusiones que se extraen del informe ‘Inversión en sanidad: la vía española hacia la prosperidad’, elaborado por Analistas Financieros Internacionales (Afi) con el apoyo de la Fundación Farmaindustria.

Y es que las ventajas que se prevén de este aumento de recursos en sanidad son numerosas. Como advertía Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, “nuestro país dedica menos recursos a esta materia que otros de nuestro entorno; aumentarlos puede ayudar a hacer frente a retos importantes como el envejecimiento de la población, la atención a pacientes crónicos o el avance tecnológico”. “La sanidad debe considerarse una inversión y no un gasto; al incorporarla al ámbito presupuestario y debe tenerse en cuenta las grandes oportunidades que supone”, añadía.

Asimismo, Arnés subrayaba el papel de la industria en términos de empleo: “la contribución del sector a varios niveles económicos no es baladí; emplea a personal cualificado, el 95 por ciento de personas que trabajan en la industria farmacéutica tienen un contrato indefinido y hay una alta representación femenina, también en otros ámbitos de diversidad”.

Bases del crecimiento

Emilio Ontiveros, presidente de Afi, ponía en valor la “relevancia estructural del sector”. “Hay que tener en cuenta que estamos ante un sector que ha generado entre el ocho y el nueve por ciento del PIB, una cuota de mercado superior a muchas otras áreas, con una agilidad que le permite participar en cadenas de suministro internacionales y una gran generación de conocimiento”, precisaba Ontiveros.

Además, Arnés apuntaba a dos aspectos clave dentro de la industria farmacéutica como impulsores de la reconstrucción: la producción y la investigación. “Somos estratégicos desde el punto de vista productivo, un dato que lo demuestra es que casi una cuarta parte de todo lo que se exporta desde nuestro país corresponde a la industria farmacéutica”, apuntaba. Por otra parte, se refería a la investigación indicando que “en I+D farmacéutica, junto a automoción somos líderes”. En esta línea detallaba que “casi uno de cada cinco euros que la industria usa para investigar, son para la industria farmacéutica”.

Una de las consecuencias de la crisis de COVID-19 que recalcaba Arnés es que “se ha visto de manera clara la dependencia de terceros que teníamos”. Pero esto ha sido útil, según el representante de la patronal farmacéutica, para “generar una capacidad productiva estratégica, lo que se refleja por ejemplo con el PERTE que ha presentado Farmaindustria, y que nos posiciona como referencia en la producción de estos medicamentos”.

Profundizando en investigación, Arnés consideraba que “España tiene una verdadera oportunidad; aunque hay ámbitos científicos y tecnológicos en los que se han perdido posiciones, en el biológico y biomédico contamos con personal y centros muy preparados”. También reseñaba el director general de Farmaindustria que “el país es referente en investigación clínica gracias a que, entre otros motivos, contamos con una regulación que nos permite generar liderazgo en la materia”.

El futuro, en datos

Para Arnés hay una idea fundamental. “No solo podemos pensar en el presente, también en el futuro”, apuntaba. En este sentido proponía un “modelo productivo mucho más moderno, para soportar las crisis que vengan de una manera más resiliente; también, contribuir así de manera muy importante a la reconstrucción desde la producción y la investigación”.

Es por este motivo, que en el documento se apunta hacia la implementación de reformas estructurales que refuercen la prevención, la eficiencia y los mecanismos de generación y difusión de conocimiento en salud. Todo ello tendría un efecto positivo sobre el la tasa crecimiento del PIB de 0,25 puntos porcentuales entre 2025 y 2040.

Desde Afi también recalcaban que este impacto se materializaría con tres mecanismos: la ampliación de la fuerza laboral con programas de prevención y con la inversión necesaria en investigación de nuevos tratamientos; una mejora del estado de salud de los trabajadores para aumentar su productividad; y una mejora del estado de salud que permitiera alargar la vida laboral de muchos trabajadores. Teniendo en cuenta estos tres canales, el PIB podría ser un 4 por ciento más alto en 2040.


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