J. R-T/J. M.López Madrid | viernes, 26 de octubre de 2012 h |

Los valores que le transmitieron a Rafael García Gutiérrez han consolidado a un hombre férreo en sus ideas y poco amigo de las medias tintas. Esta circunstancia, que le ha conseguido aportar “tanto grandes amigos como enemigos irreconciliables”, también ha servido para ser un espejo fiel y sin distorsiones de la realidad que ha vivido el sector del autocuidado. Los momentos más álgidos han sido las tres desfinanciaciones aprobadas en España, polémicas en todos sus ámbitos. “Todas tienen un aspecto en común: han sido bastante ilógicas y muy mal comunicadas. Ilógicas porque, sobre todo, en las dos primeras se desfinanciaron productos en lugar de grupos completos, con las desigualdades que aquello trajo. Y fueron mal comunicadas porque la administración ha tratado de justificarlas por la poca eficacia terapéutica de los productos que desfinanciaba en lugar de motivos para la sostenibilidad del sistema. De hecho yo le escuché a Ana Mato decir que podían sustituirse por remedios caseros”, indica. Esta crítica se une a la esperanza de acuerdo en la polémica de precios fijados por el Gobierno. “Más allá de marzo no me cabe duda de que volverá a haber libertad de precios”, manifiesta.

García Gutiérrez supo evolucionar y hacer amistades con la tecnología hasta el punto de ser fiel defensor de la receta electrónica. “El médico ahora puede prescribir fármacos no financiados, con las mejoras económicas que conlleva, pero además es un salto de calidad para el paciente, ya que su historial estará más controlado y será más conocido por su médico”.

“Siempre he tenido que explicar el estado del sector a todos los decisores que han ido llegando al Gobierno”

Sin tratar de esconderse tras medallas profesionales y con gran firmeza en sus argumentos, Rafael García Gutiérrez relató la historia del medicamento publicitario en España al unísono de la suya personal, en una clave bélica de mariscal que motiva a sus ejércitos para continuar la lucha que comenzó hace ya más de 30 años.

Desde su nuevo despacho en la Fundación Anefp, donde le aguardan nuevas batallas tras ceder su sucesión a Jaume Pey, este histórico del sector habló de las casualidades que dan lugar a las causalidades, de los inicios que no parecen tales, de la bisoñez que se transforma en experiencia curtida. “Trabajé en Industrias Federico Bonet. En esta compañía lo que vendíamos eran perfumes y cosmética, aunque también tenía una línea de higiene personal, como pañales. Estuve algo más de dos años tratando con los clientes de este tipo de productos y aprendí muchísimo sobre la diferencia entre comercializar productos de consumo y el mundo de medicamento que yo conocía”, afirma.

Tras estos primeros pasos, García Gutiérrez, junto a un grupo de profesionales, consideró la necesidad de dar un impulso a un sector no nato en España y, a pesar de las múltiples dificultades que se les presentaron, no cejaron en este empeño. Eran tiempos inciertos, previos a 1978 y en medio de una Transición política que comenzaba a sedimentar sus bases constitucionales. “Anefp nació como la Comisión de Publicidad de Medicamentos de la Asociación Española de Anunciantes. Tratamos de darle entidad propia dentro de Farmaindustria, pero las personas que entonces dirigían la institución lo consideraron una pérdida de soberanía y fue por eso por lo que tuvimos que nacer con aquel nombre. Tras aquel nacimiento, en el que participamos ocho laboratorios, yo entré, como suelo decir, por un accidente fortuito, ya que el representante de Laboratorios Federico Bonet, García Lahiguera, tuvo un accidente, se rompió la cadera y yo le sustituí”, señala.

Esa casualidad quizá cambió el destino de García Gutiérrez. Con la mirada en el recuerdo, detalló su escalada en Anefp, donde no dejó tarea sin ocupar. “He hecho de todo en esta asociación. Primero fui tesorero un año. Luego, en 1980, vicepresidente durante cuatro años, y posteriormente, a partir de 1985 fui presidente hasta 1991. Entonces, me pidieron dedicación plena y me nombraron director general”, dice. Si bien un accidente fue la causa, la perseverancia y dedicación en lo que creía fue el argumento principal para convertirse en algo más que un referente del sector.

Los principales hitos conseguidos que subraya García Gutiérrez, “gracias a un magnífico equipo de profesionales de la industria”, tuvieron lugar en aquellos primeros años donde la ilusión por crear lo inexistente rebosaba a través de las paredes de Anefp. “Lo primero que construimos fue la categoría de medicamento publicitario, que hasta la fecha no existía. Para ello, tuvimos que ver qué medicamentos del mercado podrían entrar en esa categoría. Ahí contamos con la colaboración de Luis Rodríguez, que hizo posible una orden ministerial con los principios activos, y que tenía la vocación de revisarse anualmente, aunque posteriormente es verdad que hubo periodos de hasta cuatro años donde no se actualizó nada”, indica.

Los cimientos de un mercado del que hoy nadie duda se consolidaban con el trabajo y la insistencia de García Gutiérrez, que comenzó a levantar los pilares necesarios para consolidar su obra. “A partir de ahí, conseguimos un registro especial, porque era ridículo que para registrar un ácido acetilsalicílico destinado a síntomas menores hubiera que presentar estudios sobre la seguridad y eficacia del principio activo”, indica. Y como consecuencia lógica de la naturaleza que se había trazado para estos productos, Anefp dirigió sus esfuerzos a buscar un hueco en el libre mercado. “El segundo hito fue conseguir la libertad de precios, ya que si no estaban financiados se debían regir por las reglas de libre mercado”, manifiesta.

Esta victoria, que data de 1981, ahora vuelve a estar en tela de juicio ante la incredulidad de García Gutiérrez. “Según la nueva normativa del ministerio lo tendremos que volver a luchar, circunstancia que me parece inaudita. No existen ni razones sanitarias ni técnicas para volver a regular estos precios y, como prueba, tenemos más de 30 años de experiencia y que, que yo recuerde, los únicos países que lo tienen regulado son Grecia y Lituania”, dice.

Sin embargo, si hay algún denominador común en la experiencia profesional de García Gutiérrez es la continua explicación del sector a los sucesivos decisores. “Con el primer ministro que tuve contacto fue con Enrique Sánchez de León, tras el Real Decreto de 1977 que versaba sobre información y publicidad en medicamentos de uso humano. A partir de ahí, he tenido contacto con el resto; he conocido a 18 ministros, 22 subsecretarios, otros tantos directores generales de farmacia y 14 reformas de bachillerato. Hay, además, un aspecto curioso: siempre he tenido que contar la situación de nuestro sector a todos que han ido llegando”, afirma.

De hecho, además de explicar el estado del sector, también ha tenido que lidiar y convencer a decisores que no comulgaban con los medicamentos publicitarios. “El primer día que me presenté en el despacho de Joaquín Bonal, director general de Farmacia entre 1988 y 1989, me dijo que si por él fuera a todos los que trabajábamos haciendo publicidad de medicamentos sin receta médica nos metería en la cárcel, pero que la ley se lo impedía. Poco a poco varió su posición y, después, nos unió una gran amistad”, precisa.

Otro hito atribuible a García Gutiérrez y su equipo gestor es la pantalla azul de los anuncios televisivos. La evolución que ha sufrido este elemento también estuvo sujeta a críticas que la labor didáctica de Anefp ha conseguido disipar con el paso del tiempo. “Este logro, obtenido en 1995, fue la sustitución de los warnings que aparecían en televisión, que eran más alarmantes que informativos, por la pantalla azul. Esa pantalla deja claro que es un medicamento y remite al consumidor a las fuentes de información, que son los prospectos y los farmacéuticos”, dice.

Esta afirmación, al no remitir al médico, fue criticada por alguna institución profesional, pero “ya se ha entendido que el medicamento publicitario tiene como una de sus funciones aliviar de carga al SNS y mejorar su eficacia, dejando tiempo y recursos libre para que el médico pueda dedicarlo a los realmente enfermos.”

“El nacimiento de Anefp fue considerado por Farmaindustria una pérdida de soberanía en los medicamentos”