c.o. Barcelona | viernes, 19 de julio de 2013 h |

“No sé lo que es una alternativa terapéutica equivalente”. Con esta contundencia lo afirmaba María Teresa Tejerina, presidenta de la Sociedad Española de Farmacología, durante su participación en la jornada, haciendo hincapié en la necesidad de que un organismo competente, que son las agencias reguladoras, defina el concepto.

“Diversos estamentos no médicos presionan y limitan la libertad de prescripción del médico, y la libertad-derecho del paciente a recibir el fármaco más adecuado a su patología”, denuncia, aunque en su opinión, en esta cuestión “no caben eufemismos” y por tanto la equivalencia terapéutica debería estar basada en estudios clínicos randomizados diseñados con dicho fin, utilizando una metodología definida de antemano y dirigida a este propósito. En caso contrario, “estaríamos hablando de mezclar unas cosas con otras”, puntualiza.

Ahora bien, a su juicio son solo los estudios clínicos bien planificados son los que determinan la seguridad y la eficacia, y el mejor protocolo de tratamiento es el que establecen las guías terapéuticas.

Como ejemplo de que los fármacos de un mismo grupo terapéutico tienen diferentes características, Tejerina hizo alusión al caso de cerivastatina, la estatina que se retiró del mercado en 2001 tras provocar 52 muertes por rabdomiolosis. “Fue un efecto de fármaco, nadie pensó que fuera un efecto de grupo, porque si no hoy no tendríamos estatinas, las habríamos retirado todas”, declara.

Asimismo, de la familia de las tiazolidindionas, ya solo queda en el mercado pioglitazona, después de que rosiglitazona se retirase por sus efectos secundarios a nivel cardiovascular. Ambas son agonistas del receptor nuclear PPARy, pero pioglitazona tiene además acción sobre los PPAR-alfa. Ejemplos que, como remarcó Tejerina, invalidan la posibilidad de hacer análisis de equivalencia terapéutica, y “menos en un despacho”.