Lejos de introducir cambios estructurales en cada área de gasto se ceba en exclusiva en el medicamento
| 2011-08-26T16:15:00+02:00 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a equivocarse de cabo a rabo. Después de sestear durante meses, y de minimizar el impacto de la crisis en el sistema sanitario con el argumento de que en tiempos pasados la cosa fue peor y llegó a arreglarse sola, la ministra Leire Pajín se descolgó antes de las vacaciones con un paquete de medidas de ajuste que, en principio, reportará algunos ahorros extra al sistema, pero que encierra enormes contradicciones y no corregirá por sí solo el enorme problema que arrastra la Sanidad en España. De entrada, el Ejecutivo admite implícitamente el error manifiesto que cometió en su primera legislatura al fijar una bajada gradual de los precios de los fármacos en el momento en el que pierden la patente. Pajín viene a dar así la razón a Ana Pastor, quien ha denunciado por activa y por pasiva que el sistema de precios de referencia articulado primero por Elena Salgado, y alterado luego con ligeros matices por Bernat Soria, Trinidad Jiménez y la actual ministra era errático y no servía para el propósito para el que fue creado. Llama también la atención que los mismos altos cargos que tardaron casi un año en articular dicho sistema para que entrara en vigor en 2011 lo corrijan a los pocos meses, lo que da una idea clara del desorden en el que están instalados la dirección general de Farmacia del Ministerio de Sanidad, la Agencia Española del Medicamento (Aemps) y los estamentos inmediatamente superiores que les coordinan, comenzando por la propia ministra.

Pero el plan de Sanidad encierra además riesgos manifiestos. Por un lado, apuesta por un modelo, el de la prescripción por principio activo, que solamente dio frutos en el primer año de aplicación en Andalucía. Pasado ese tiempo, su efecto en materia de contención del gasto se diluyó, algo de lo que da muestras el intento desesperado de la consejera de Salud andaluza, María Jesús Montero, de implantar la licitación, el subastazo, el medicamentazo bis, o como quiera llamársele. Por el otro, esta estrategia teledirige la prescripción médica sin abortar las otras iniciativas autonómicas que ya están en marcha, lo que llevará dentro de poco a un escenario en el que convivirán a un tiempo las medidas del ministerio, con otras, como el cataloguiño gallego o el propio experimento andaluz. De ahí a que las compañías cojan el dinero y huyan va sólo un paso.

El otro peligro es que la iniciativa de Pajín es solamente un parche, un plan coyuntural que no servirá para levantar al sistema de la miseria en la que le ha hundido el Gobierno. Porque lejos de introducir cambios estructurales en todos y cada uno de las áreas de gasto, se ceba exclusivamente en el medicamento, olvidándose, eso sí, de la factura de este capítulo que más crece ante la desidia del ministerio: la generada en los hospitales. No es de extrañar que hasta organizaciones de pseudo izquierdas cataloguen el plan como de pan para hoy y hambre para mañana. Con él, las autonomías tirarán unos pocos meses, pero nada más. Puede anticiparse ya que habrá más recortes en menos de un año.

¿A qué responde el entreguismo al PSOE que ha demostrado en los últimos dos meses la OMC? ¿Qué han ganado los médicos de base con ello, aparte del tijeretazo brutal a sus sueldos que sufrieron hace un año?

¿Qué alto representante de los laboratorios se lamenta en público el error que cometió Farmaindustria al acoger en su seno al ex presidente de Gobierno Felipe González? ¿De qué les ha servido este fichaje a las compañías?

¿Qué tres comunidades, además de Madrid, estudian seriamente la posibilidad de aplicar en su territorio el ‘cataloguiño’ gallego?

¿Qué alta directiva de una conocida empresa sanitaria puede acabar este año como Teddy Bautista?