La ministra de Sanidad tiene ante sí un curso político muy complicado
| 2009-09-13T17:10:00+02:00 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

A la buena de Trinidad Jiménez no se le avecina un curso precisamente fácil. La epidemia de gripe A que está a punto de eclosionar con la bajada de las temperaturas va a ser, sin duda, su gran prueba de fuego al frente del Ministerio de Sanidad. Vista la evolución de la enfermedad, y conocidas las predicciones de los epidemiólogos, el virus de la influenza va a darle, a buen seguro, más de un quebradero de cabeza este invierno. Pero si deja los deberes hechos y sigue la senda que le ha trazado el siempre eficaz secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, la ministra saldrá indemne de la crisis y disfrutará incluso de cotas de popularidad inusuales para un titular de esta cartera desde los tiempos de Celia Villalobos y la pandemia mediática de las ‘vacas locas’. El éxito del reto al que se enfrenta Jiménez pivotará sobre su capacidad de negociación con la industria farmacéutica de cara al abastecimiento de vacunas, y en su rapidez a la hora de socorrer a las comunidades autónomas, que verán saturados los servicios hospitalarios con la llegada del frío. No. Aunque puede salir reforzada de esta crisis a efectos de imagen, como ya empiezan a dejar ver las encuestas de opinión, no va a resultarle sencillo a la ministra capearla, como tampoco les será cómodo hacerlo a los consejeros de Salud autonómicos, que se encontrarán en la encrucijada de tener que afrontar un incremento brutal de la demanda sanitaria con unos presupuestos cada vez más acotados por culpa de la crisis económica, la merma de la recaudación impositiva y las devoluciones a cuenta al Estado que tendrán que hacer sus presidentes por culpa de unas previsiones macro demasiado optimistas.

Jiménez deberá aportar, además, su granito de arena en esta área. Como la inyección extra de fondos aportados por el nuevo acuerdo de financiación será insuficiente para las necesidades autonómicas, su ministerio tendrá que dar este año un paso impopular tendente a recabar ahorros en la factura pública en medicamentos. Y tampoco en este terreno la ministra de Sanidad va a tenerlo fácil. La merma paulatina de rentabilidad de las oficinas de farmacia y la reducción de los ingresos de unos laboratorios que, además, están dispuestos a echar un capote al Gobierno en materia de empleo, le van a dejar un margen de maniobra muy estrecho a la máxima responsable sanitaria del país.

La ministra de Sanidad tendrá, además, que reactivar la adormecida Dirección General de Recursos Humanos, dada la situación laboral de los profesionales sanitarios en España, con las enfermeras en pie de guerra y los médicos muy sensibles al Proceso de Bolonia, los bajos salarios, la política de manga ancha en las homologaciones de títulos extracomunitarios y la falta de especialistas en algunas áreas importantes, por no hablar de la situación de la atención primaria. Va a ser, pues, duro el ejercicio para Jiménez. Aunque de momento la ministra obtiene un aprobado con nota, su examen no ha hecho más que empezar.

Preguntas sin respuesta

¿Qué conocido médico ha constituido una empresa de gerentes y se los está ofreciendo a todas las sociedades científicas a cambio de la pertinente comisión? ¿Quién forma con él dicha sociedad?

¿Qué conocido médico-catedrático no va nunca a la facultad a impartir clases?

¿Qué futuro presidente de una federación tiene previsto reformar sus estatutos para poder repetir en el cargo las veces que quiera?

¿Qué dos sociedades científicas atraviesan por graves problemas financieros al haberles dado la espalda los laboratorios? ¿Qué financiación alternativa, lograda a través de una corporación, ha conseguido una de ellas?