El escenario de la improvisación se ha manifestado con las diferentes medidas adoptadas por el Gobierno
| 2010-06-18T15:59:00+02:00 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

Primero, los precios de referencia. Después, el ‘decretazo interterritorializado’ y edulcorado con la inestimable colaboración de unos consejeros aletargados. Un mes más tarde, el ‘tijeretazo’ por sorpresa y a traición. A los breves días, el copago sí, y a las 24 horas, el copago no. Más adelante, una tasa disuasoria que a la vez sería recaudatoria y que convendría plantearse, pero a la que “nos oponemos porque no aporta nada a la sostenibilidad del sistema”. Y entre medias, un “allá se las compongan ustedes, laboratorios, farmacias y distribuidores”, y rumores más rumores, como una lista de 200 medicamentos que abandonarían definitivamente la farmacia para dispensarse sólo desde el ámbito hospitalario y cuya paternidad el ministerio niega. Entre medias, también, trabas múltiples a través de la informática en Castilla-La Mancha para que a los médicos les sea imposible prescribir marcas de algunos principios activos muy conocidos, el ‘centimazo’ sanitario andaluz de José Antonio Griñán, quién prometió al comienzo de su mandato que no subiría nunca los impuestos, y el caso vasco, también llamado ‘caso Bengoa’, digno de estudio y análisis, relativo a la sustitución de las prescripciones de cuatro medicamentos de marca originales por prescripciones por principio activo a partir de este mes, sin que los facultativos tengan margen ni para chistar.

Como se ve, los bandazos, las medidas unilaterales y las rectificaciones de la actual política farmacéutica son innumerables. Casi tanto como la inestabilidad permanente en la que el Gobierno y el Ministerio de Sanidad, unas veces por sus acciones y otras por sus omisiones, han sumido al sector, con la colaboración inestimable de una generación de consejeros de Salud, que tampoco pasará a la historia por sus grandes gestas. Decía hace días el directivo de una importante multinacional asentada en España que mucho peor que los recortes de beneficios, los mordiscos a las cuentas de resultados o el estrangulamiento de los balances, es el escenario cambiante que se está dibujando en nuestro país con respecto a los medicamentos. Los primeros pueden llegar a ser defendibles ante los gerifaltes de las casas matrices, pero la ausencia de un marco estable de funcionamiento y el imperio de la contingencia casan mal con la mentalidad europea y americana. Nada hay peor para un hombre de negocios que la incertidumbre, ni siquiera la seguridad de saber que tarde o temprano será agredido. De ahí a la salida de España de plantas de producción, centros de investigación y oficinas estables va sólo un paso. De ahí, el paulatino cambio de tono de Farmaindustria, que empieza a ver que el letargo y el perfil bajo sólo son buenos para los tiempos de bonanza, no para momentos casi bélicos como los que padecen hoy las compañías en España. Y de ahí también la súbita beligerancia de algunos colegios farmacéuticos, que han pasado de la teoría de ‘virgencita, virgencita, que me dejen como estoy’, a otra más drástica, que aboga incluso por un entorpecimiento provocado de la burocracia administrativa como represalia. Los tiempos cambian, y se adaptan a un escenario voluble: el escenario de la improvisación.

Preguntas sin respuesta

¿A qué médico le mostró su ira Juan José Rodríguez Sendín, por el acuerdo Facme-Farmaindustria del que está excluida la Organización Médica Colegial (OMC)?

¿Qué persona ha tenido mucho peso en la decisión de la patronal de la industria radicada en España, Farmaindustria, de endurecer su papel como patronal frente a algunas autonomías?

¿Qué laboratorio ultima ya los planes de cierre de una de sus plantas de producción en Cataluña?

¿Decidió el director general de Salud Pública, Ildefonso Hernández, renunciar voluntariamente a la Agencia de Salud Pública o le fue impuesta la muerte de este órgano antes de que naciera?