Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ Tan escaso como anda de talentos carismáticos, modernos y honestos en sus organizaciones, el vetusto y anquilosado mundo médico español no parece haber calibrado suficientemente aún la importancia que ha tenido y, afortunadamente, todavía tiene Julio Zarco en el panorama sanitario. Rodeado de un equipo admirable durante sus mandatos, este facultativo de Atención Primaria ha llevado a la cúspide del primer nivel asistencial en España a Semergen desde la posición más baja, superando en pocos años a la siempre potente Semfyc. Zarco ha triunfado donde otros fracasaron porque ha aportado ideas frescas, se ha desmarcado de una mafia que se creía dominante pese a que años atrás dejó de serlo, ha contado siempre con información de primera mano a la hora de elegir los mejores caminos y ha sido rápido como el rayo en la toma de decisiones difíciles donde otros dudaban. Su defensa de la plena libertad de prescripción por parte de los médicos y la firma de un acuerdo con Farmaindustria al respecto, en el último congreso de Oviedo, han sido su última jugada maestra para situar a Semergen en la rampa de salida de la grave crisis económica, salvaguardando la sagrada autonomía del médico para decidir el tratamiento más idóneo para el paciente. Aplicando el sentido común, Zarco ha adelantado por la izquierda a otras sociedades científicas, mucho más pacatas a la hora de decir en público lo que luego esgrimen en privado, por temor a las autoridades y al ridículo qué dirán. Se trata de un movimiento inteligente más por parte de un médico que, por ejemplo, evitó el ridículo absoluto de Semergen en la negociación de la famosa y frustrada ley del vino que pergeñó Elena Salgado, frente al que hicieron otras sociedades deseosas de coquetear con el poder, y que ha salido indemne de todo tipo de tretas destinadas a diluir el papel de las sociedades científicas, sobre todo en el primer nivel asistencial. Pero la figura de Zarco merece destacarse también en contraste con lo que hay y con los que ocurre ahora en el panorama médico español. Frente al bochorno y la pestilencia que emana del Colegio de Médicos de Madrid, enfrascado en una guerra fratricida para ver qué correduría se queda con los despojos que ha dejado la peor presidenta de la historia de una corporación profesional sanitaria en España, la figura de Zarco emana aséptica, luchadora, independiente y comprometida en la defensa de los profesionales. Es una suerte de Carlos Amaya, en su etapa en la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, pero más joven. Esperemos que tenga tanto aguante como el neurocirujano. A diferencia de otros elefantes habituados a perpetuarse en los cargos profesionales, como Juliana Fariña, que modificó los estatutos del colegio para ello, Zarco ha puesto punto y final a su etapa en la presidencia de Semergen, lo que le honra. No sé qué hará ahora, ni si tendrá ganas aún de moverse en las redes del poder. Lo que sí sé es que si hubiera muchos zarcos, y muchos amayas, la profesión no sería ninguneada ni utilizada instrumentalmente por corredurías, burócratas con gorrilla y politicastros del tres al cuarto, y otro gallo les cantaría a los sufridos facultativos españoles. | viernes, 11 de noviembre de 2011 h |

La figura de Julio Zarco emana aséptica, luchadora, independiente y comprometida

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