Hoy a las compañías les resulta menos atractivo invertir en nuestro país por la desidia ministerial
| 2011-03-18T16:54:00+01:00 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

Es paradójico que siendo Leire Pajín ministra de Igualdad tenga a su cargo también, por capricho de José Luis Rodríguez Zapatero, el pilar del Estado de bienestar en el que más crecen las desigualdades sociales: la Sanidad. El Consejo Económico y Social (CES), un órgano conformado por consumidores, patronales y organizaciones sindicales, nada sospechoso de partidismo político ni caracterizado precisamente por sus ataques al Gobierno, vuelve a poner el dedo en la llaga, como el año pasado, por medio de otro informe, y tal y como advierten desde hace meses el principal partido de la oposición, consejeros autonómicos, expertos sanitarios y organizaciones y sindicatos de todo tipo y condición. El sistema sanitario español se rompe ante la mirada vacua del ministerio, y las desigualdades, inequidades o rupturas de la cohesión se multiplican en progresión casi geométrica sin que autoridad alguna haga algo para impedirlo.

Mientras Sanidad deja pasar el tiempo aprobando leyes o normas absurdas como la de igualdad de trato (¡qué contrasentido!), la unidosis o la de salud pública, por citar tres ejemplos, las desigualdades se extienden por todo el territorio y producen dos efectos preocupantes. Por un lado, los ciudadanos empiezan a fragmentarse cada vez que caen enfermos en pacientes de primera o de segunda categoría, en función de donde residan. Por otro, la unidad de mercado ha estallado ya por los aires, lastrando la competitividad del sector sanitario español. Hoy, a las compañías les resulta mucho menos atractivo que hace años invertir en nuestro país por culpa de la desidia ministerial y la huida hacia delante que están protagonizando algunas autonomías con el fin de escapar del fantasma de la bancarrota, además de por la heterogeneidad de la legislación.

En su informe el CES destapa lo que se constataba en el sector: diferencias notables en el diagnóstico y tratamiento de patologías entre territorios, variabilidad de la práctica clínica, discordancias entre los calendarios vacunales, prestaciones distintas ofertadas a los ciudadanos… Y una información desagregada que no hace sino impedir la medición exacta de la magnitud real de este grave problema. Este mapa diverso de la España autonómica que se ha creando al hilo de la pasividad ministerial en tiempos socialistas empieza a traducirse en hechos: en unas comunidades es más fácil morir de cáncer que en otras, la esperanza de vida difiere y los modelos sanitarios ofrecen servicios tan diversos como la segunda opinión o la libre elección de centro. Derechos de los que carecen ciudadanos de algunos territorios. También hay diferencias en tasas de mortalidad infantil, y hasta en los índices de sedentarismo.

La conclusión es clara: mientras Sanidad renuncia a ejercer el liderazgo que le corresponde por ley, y mantiene apagada la Alta Inspección, el país se ha atomizado en 17 islas sanitarias y los ciudadanos de unos territorios gozan de menos posibilidades sanitarias que sus vecinos de comunidades limítrofes. Entre tanto, Pajín se desgañita vendiendo el humo de la igualdad de trato. ¡Qué engaño y qué vergüenza!

Preguntas sin respuesta

¿Qué filtración interna puso hace dos semanas de los nervios al dircom de una conocida patronal sanitaria?

¿Por qué ha salido Enric Argelagues, del Instituto Catalán de la Salud (ICS), en defensa de José Luis de Sancho, gerente del Valle d’Hebron?

¿Ante qué espinoso asunto lo ha hecho?

¿Qué fiscal ha pedido actuar de oficio en este asunto?

¿Qué alto cargo de Sanidad sabe de sobra que Economía desoirá a su ministerio en la polémica de la supresión de la colegiación obligatoria?

¿Qué alto cargo de Economía ha parado, de momento, la liberalización de la farmacia que puso sobre la mesa uno de sus técnicos?