En tiempos de restricciones no hay mejor medida que el ahorro para reactivar el motor de la sanidad
| 2009-11-20T15:42:00+01:00 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

La sanidad española está atravesando, posiblemente, el peor momento de su historia reciente desde que en 1986 se aprobara la ley por que se rige. La crisis económica lastra como una losa a gerentes y gestores, y no hay día en que alguna parte de España no sufra serios problemas para realizar los pagos a las farmacias, a los proveedores, o a los propios profesionales. Tan grave es la situación, que son varios los servicios de salud que han agotado el dinero que tenían presupuestado para todo el año, teniendo que recurrir a créditos bancarios o a apuntes contables del próximo ejercicio para satisfacer las obligaciones pendientes. Pero si 2009 puede calificarse ya como un auténtico annus horribilis a efectos financieros en el Sistema Nacional de Salud (SNS), 2010 va a ser aún mucho peor. Al igual que otras partidas, la sanidad también es objeto de recortes en los proyectos de presupuestos, lo que generará tensiones que, a su vez, se verán acrecentadas por la caída prolongada del consumo y de la recaudación impositiva, por la generalizada subida tributaria y por el nulo efecto que tendrá el etéreo acuerdo de financiación que el Gobierno acaba de salvar gracias a sus socios navarros.

¿Qué hacer? La preocupación por el rumbo del sistema es tal, que tampoco son pocas las conversaciones telúricas que mantienen consejeros de distinto signo político para intercambiar información y consensuar soluciones, ante el temor de que el pacto que está urdiendo el ministerio contenga sólo propuestas vanas y grandilocuentes, sin efecto práctico alguno sobre las economías. Es previsible por ello que a la vuelta del próximo año salten de nuevo a la palestra el ‘Informe Abril’ y las recomendaciones que en él venían recogidas, pues ya se sabe que en tiempos de restricciones no hay mejor medida que el ahorro para reactivar el motor de la sanidad. Retornarán por ello los debates sobre las fórmulas de gestión, la competencia entre servicios y las medidas para contener el gasto desde el lado de la demanda. La pregunta es la de quién le pondrá finalmente el cascabel al gato, si es que alguien se lo pone.

Desde luego, margen hay de sobra para recortar parte de la factura pública sin entrar en iniciativas impopulares, aunque algunas deberían afrontarse. Por ejemplo, son varios los servicios de salud que han detectado bolsas inexplicables e injustificables de hiperfrecuentadores en atención primaria y especializada. También hay feudos que han visto en la incapacidad temporal tanto de enfermos como de profesionales un nicho susceptible de ahorro sin provocar por ello recortes en la prestación. Y eso, sin entrar en el controvertido gasto farmacéutico, disparado con respecto al PIB nominal en lo que llevamos de 2009. Paradójicamente, en este terreno es la propia estructura del Estado la que perjudica a los servicios regionales autonómicos, pues el modelo financiero vigente no garantiza que los ahorros logrados por esta vía retornen a la sanidad, lo que desincentiva cualquier actuación del Ministerio de Sanidad, que no quiere acabar como el malo de la película.

Preguntas sin respuesta

¿Con qué miembro del PP está indignado Máximo González Jurado por el viraje del partido sobre la prescripción enfermera? ¿Qué dos populares se opusieron a modificar su rumbo y pidieron avalarla?

¿Alguna región promueve implantar un tique disuasorio para acabar con la hiperfrecuentación injustificada de los servicios sanitarios?

¿Qué dos comunidades socialistas secundarán a Madrid con medidas innovadoras de gestión en primaria e iniciativas que impulsarán la libertad de elección?

¿Se ha enterado Tomás Gómez de cuántas áreas o regiones sanitarias hay en Cataluña? ¿Sabe que una sola de ellas atiende a más de cuatro millones de habitantes?