La titular de Sanidad quiere dar un golpe de mano para que su visibilidad sea más manifiesta
| 2010-01-22T16:08:00+01:00 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, quiere dar un giro sanitario a su persona. Nueve meses después de su llegada al cargo, y en plena carrera hacia una vicepresidencia del Gobierno en el caso de que José Luis Rodríguez Zapatero decida finalmente hacer una nueva crisis gubernamental tras la Presidencia española de la UE, los asesores y lugartenientes de la malagueña han caído en la cuenta de su todavía escasa presencia en el sector y de la parquedad de iniciativas elaboradas hasta ahora por su departamento desde que fue elegida para el cargo en el que a fin de cuentas ha recalado, por más que se le adornara con la coletilla de ‘política social’. Y es que, al margen de la brillante y consensuada respuesta que logró a un problema que podía haber crecido en progresión geométrica y que afortunadamente no lo ha hecho, como es el de la gripe A, poco más queda en el recuerdo de la hoy titular sanitaria en esta primera fase de su mandato: ni solución alguna a la bancarrota, ni Pacto de Estado por la sostenibilidad, ni medida original contra el disparado crecimiento del gasto farmacéutico —más allá de unos precios de referencia, cuya estimación de ahorro puede mermar hasta cantidades ridículas—, ni solución práctica al dramático problema de los recursos humanos de la Sanidad en España, ni nada de nada.

Como ya hiciera otra antecesora suya en el cargo, Elena Salgado, antaño titular de Sanidad y hoy ministra de la crisis galopante, Jiménez ha decidido echar mano de la salud pública para recobrar de golpe la visibilidad que ha ido perdiendo poco a poco con el decaer del virus H1N1. Máxime, ahora, cuando se dice que su actuación fue exagerada y connivente con la todopoderosa industria farmacéutica productora de vacunas. Y como el Gobierno está escarmentado del ridículo sonoro que provocó la ‘ley del vino’, la malagueña ha dejado a un lado los vapores etílicos que tanto preocupan a la Organización Médica Colegial y se ha decidido por el tabaco. Sigue pues la estela de Salgado en la cruzada contra este hábito nocivo para el organismo. De ahí que se haya embarcado personalmente en la reforma de la normativa y que trate de acaparar estos días el protagonismo de la foto y el titular con declaraciones altisonantes y encuentros con los portavoces de los grupos políticos. Su imagen —piensan asesores, altos cargos y hasta ella misma— saldrá realzada porque a los españoles siempre les ha gustado que alguien vele por su salud.

Sin embargo, el tiempo apremia y los pálpitos que llegan son peores que años atrás. Al rechazo de los hosteleros se ha sumado el de Madrid, Comunidad Valenciana y… Andalucía. José Antonio Griñán teme que la ley le haga perder votos y ha atizado a María Jesús Montero contra el ministerio, porque no es cuestión de regalar en bandeja de plata a Javier Arenas los sufragios de fumadores y dueños de bares, con la crisis que está cayendo. Jiménez trata, en fin, de recobrar protagonismo, pero la apelación a la salud pública puede esta vez volver a traerle grandes quebraderos de cabeza a su departamento y menos réditos de los esperados.

Preguntas sin respuesta

¿Qué agujero financiero en el CGCOF ha vuelto a situar al COF de Madrid en el colegio opositor? ¿A qué gestión fallida se le atribuye?

¿Por qué abroncó Belén Prado a Antonio Burgueño en presencia de todos los altos cargos de la Consejería de Sanidad de Madrid, el día navideño que éstos participaban en un campeonato de mus?

¿Qué papel ha jugado Soraya Sáenz de Santamaría en la crisis de los traumatólogos del Ramón y Cajal? ¿Dónde fue atendida de la herida de su dedo? ¿A qué médico de dicho servicio le gusta mucho ir en moto? ¿Cómo la consiguió?

¿Qué alto cargo de la Consejería de Sanidad de Madrid puede tener su futuro laboral en Génova en breves fechas?