Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ | viernes, 14 de diciembre de 2012 h |

Ahora llega la hora de los gestores, que deberán hacer malabarismos con los números

¿Qué laboratorio aguarda a que cualquier otra compañía cierre su fundación para clausurar la suya, porque no se atreve a tomar la decisión en solitario?

¿Qué alto cargo le ha recomendado a la ministra que mantenga encuentros individuales solo con los laboratorios que fabrican o investigan en España?

¿Qué filial de una compañía biotecnológica está atravesando serias dificultades y tendrá muy complicado subsistir?

¿A qué compañía le cogió completamente fuera de juego la destitución del ya ex consejero de Sanidad de la Comunidad Valenciana Luis Rosado?

La lucha sin cuartel de las autoridades españolas para cumplir el objetivo de déficit en 2013 va a tener en los hospitales el principal campo de batalla. La razón es más que evidente: la Sanidad absorbe entre un 40 y un 50 por ciento de las cuentas públicas autonómicas y, dentro de esta partida, la atención especializada representa la mayor parte del gasto. El análisis de los proyectos presupuestarios para el próximo ejercicio debatidos hasta ahora en las sedes parlamentarias de las comunidades dan muestra de por dónde van a ir los tiros y permite inferir que serán los trabajadores eventuales, los laboratorios y, si la gestión no funciona, los pacientes en última instancia, los que sufran en sus carnes las consecuencias del ajuste. Ajuste, por cierto, que también se cebará con la inversión en obra nueva y de reposición. Las cifras de Madrid, que no es una excepción, sino el ejemplo perfecto de lo que ocurrirá en todas las autonomías pero a mayor escala, por su dimensión, son perfectas para ilustrar el aserto anterior. En total, y salvo cambios de última hora, sus 29 hospitales obtendrán el próximo ejercicio alrededor de 784 millones de euros menos que en 2012 para realizar la misma actividad médica, según los datos que obran en poder de la Consejería de Hacienda. El ajuste será especialmente severo en el 12 de Octubre, que recibirá 107,6 millones menos con respecto al pasado año, así como en el Gregorio Marañón, que tendrá 80 millones menos. Por su parte, La Paz perderá 77,8 millones, y centros como la Fuenfría verán reducido su presupuesto hasta apenas 13 millones de euros.

Llega pues la hora de los gestores, que deberán hacer malabarismos con los números, a la vez que convertirse en pacificadores. Con mucho menos dinero, tendrán que prestar una atención equivalente a la de 2012, con una población un año más envejecida. Y todo ello en un entorno hostil, en el que médicos, enfermeras y auxiliares se encuentran en pie de guerra y no precisamente motivados para cumplir los objetivos que se les marquen desde las direcciones y las gerencias. Es previsible que en este entorno restrictivo obligado para cuadrar números y cumplir con Bruselas se restrinja la llegada a los hospitales de moléculas caras pese a estar previamente aprobadas por el Ministerio de Sanidad. Ya ha empezado a suceder en los últimos 15 meses, pero el proceso se intensificará en algunos centros y territorios durante todo 2013. Es previsible también que las unidades de gestión difieran pagos y engorde así la bola de nieve de una deuda que acumula ya más 6.000 millones en la Sanidad desde que Cristóbal Montoro puso el contador a cero con el plan de pronto pago. Y es previsible también un control más férreo en los servicios de farmacia hospitalaria y en las comisiones que deciden la dispensación de determinados medicamentos. En el terreno de personal, serán interinos y eventuales los que lleven la peor parte. Solo en Madrid se estima que 5.000 profesionales de este tipo podrían dejar su puesto para que la plaza que ocupan quede amortizada.