| viernes, 05 de marzo de 2010 h |

Santiago de Quiroga

Ni los médicos, ni los farmacéuticos, ni los pacientes. No gusta ni a los que lo crearon (el Partido Popular), que dicen que el actual Sistema de Precios de Referencia (SPR) es un parche del diseñado hace dos legislaturas por los populares. Ni las sociedades científicas (que dicen que la DDD no es un criterio clínico válido) están a favor del mencionado SPR. Tampoco la portavoz de Sanidad de CiU en el Congreso, ni los médicos asalariados europeos, ni la OMC, ni Semergen. En pocas ocasiones algo ha disgustado en el sector a tantos, y a pesar de todo, ahí sigue.

El SPR es antiguo, cutre, lesivo para las compañías, confunde a los ciudadanos (por los cambios continuos de productos) y farmacéuticos, crea desconfianza en los pacientes, disgusta a los clínicos y hace que los ciudadanos desconfíen de los propios genéricos y se quejen a los farmacéuticos. Inventar una fórmula matemática para justificar un precio “de referencia” es como que un juez le pida a un abogado que redacte la sentencia. ¿Es que no puede el Estado rebajar un precio cuando vence la patente un 50 por ciento o más sin necesidad de recurrir a un cálculo arbitrario? ¿Es que los medicamentos deben bajar de precio hasta el infinito? Si las obras públicas tienen el “riesgo temerario” que descarta una oferta en un concurso por no garantizar su ejecución, ¿no estamos facilitando un riesgo temerario que perjudica a los genéricos de calidad?