| viernes, 29 de abril de 2011 h |

Ángel Pérez, presidente de Ceofa

Andalucía quiere ser distinta, al menos en lo que a la prestación farmacéutica se refiere. Pero no mejor que los demás. La cuestión es si los legitimados para llevar a cabo los convenios quieren ser también distintos, y por lo que apuntamos ya, peores. Conocido el documento de trabajo que el SAS redactó para su aprobación por el Cacof, Ceofa cree que era infumable, tanto por su demagógica redacción como por su contenido. Además, partimos de una premisa contundente: las medidas de ahorro que la Junta de Andalucía pretende adoptar no las puede llevar a cabo por medio de normas jurídicas emanadas de sus órganos administrativos. De lo contrario, estaríamos hablando de recursos ante los tribunales, no de negociaciones.

De todas formas, la postura de Ceofa también es contundente en cuanto a esa negociación: no puede admitirse, bajo ningún concepto, aceptar a través del convenio que regula la prestación farmacéutica ninguna restricción que suponga una pérdida añadida a las que ya resultan de las medidas de ajuste que el Estado ya ha impuesto. La Junta de Andalucía ya no presenta un modelo de subasta o licitación. Ahora señala que se trata de una selección del medicamento que se dispensará, que estará en función de la bonificación que obtenga el SAS por dicha elección. Este nuevo sistema es más arbitrario que el de la licitación, y supone igualmente una modificación de la normativa de fijación de precios industriales, cuya competencia está atribuida por la ley al Gobierno.

Como contrapartida, se ofrece un catálogo de concesiones sorprendentes: esforzarse en cumplir las sentencias firmes respecto de los farmacéuticos ortopedas; esforzarse en unificar los criterios sancionadores y de inspección; condicionar la dispensación de fármacos a la disponibilidad o no de un documento del paciente que acredite la situación de transeúnte, con infracción de la Ley 29/2006 y su desarrollo en RD 1718/2010; ofrecer el establecimiento de excepciones a la ley, en el sentido de admitir la entrega a pacientes domiciliarios de productos farmacéuticos incluidos en la prestación directamente por sus enfermeros, sin pasar por las farmacias… En definitiva, comulgar con ruedas de molino. Tener la pretensión de imposición de algo desmesurado, inverosímil o absurdo no es algo por lo que los farmacéuticos andaluces estemos dispuestos a pasar.