| viernes, 30 de septiembre de 2011 h |

José María López Alemany

No sé qué habrá que hacer para que la imagen, la percepción pública y social de la industria farmacéutica cambie. Todavía, a día de hoy, siguen vigentes muchos clichés. Parte de la culpa la tienen actitudes y actividades de las compañías y sus representantes, pero actualmente eso no es generalizable.

Parece mentira que a estas alturas haya que explicar el imprescindible valor que tienen las patentes para la innovación farmacéutica. Y eso no tiene nada que ver con la, también necesaria, labor de los genéricos. Es increíble que algunos sigan considerando que el elevado precio de algunos medicamentos lo hayan podido decidir las propias compañías. Y no llego a entender cómo no se valora la aportación de la industria y sus productos a la salud de las personas. Por todo ello, desde EG hemos creído conveniente hacer un repaso de esas cuestiones para que sirvan de ejemplo ilustrativo de una realidad.

Si la sociedad en su conjunto no es capaz de darse cuenta del valor que representa el medicamento y, por tanto, su fabricante. Tendremos un problema, un grave problema.