| viernes, 02 de noviembre de 2012 h |

Muchos años nos hemos pasado desde estas páginas clamando en el desierto porque se pusieran en marcha medidas de control del gasto enfocadas a la demanda. De pronto, llega 2012 y cuando el sector ya está exprimido hasta la extenuación por la continua actuación sobre los precios y márgenes, salen como setas diferentes medidas, a cual más eficaz en su objetivo, que buscan y logran reducir la demanda de medicamentos de un modo espectacular.

El euro por receta se ha mostrado como una medida de gran eficacia, superando incluso el efecto del copago que se está observando sobre la demanda de recetas médicas, según un análisis realizado desde EG.

Desde mi punto de vista, ambos sistemas son válidos para el objetivo, pero tienen sus pros y contras. El euro por receta, cuyo fin es claramente recaudador cuando se combina con otros elementos como el copago, no permite contabilizar el esfuerzo del sector y de los pacientes en la adquisición de medicamentos ya que el dinero recaudado no se descuenta de la factura farmacéutica. Por el contrario, como hecho positivo, encuentro que además, de las exenciones del copago se establezcan topes máximos de aportación para activos y pasivos.

Por su parte, la recaudación por el copago sí que se deja ver en las facturas mensuales de gasto, con lo que refleja de un mejor modo el gasto público real que se destina a farmacia, pero no tiene ningún tope máximo para las clases activas.

En cualquier caso, queda por ver si la unión de ambos sistemas, como ocurre desde octubre en Cataluña tiene un efecto adicional. La verdad es que lo dudo, aunque si lo tuviera, que se verá, creo que podría llegar a ser peligroso para la salud.

@JoseMLAlemany en Twitter