| viernes, 23 de septiembre de 2011 h |

José María López Alemany

Somos muchos los que pensamos que gran parte del desarrollo de España ha sido posible gracias al modelo autonómico. Pero también somos muchos los que pensamos que gran parte de la situación económica y de deuda en la que nos encontramos se debe precisamente a ese modelo autonómico e institucional. Un modelo que ha permitido o incluso incentivado las carreras entre administraciones para ofrecer más y mejores servicios independientemente de que se tratara de competencias propias o impropias, como sucede con los ayuntamientos o de decisiones no justificadas por los técnicos ni por su eficiencia en la asignación de recursos.

Las transferencias sanitarias tuvieron lugar en un momento de gran expansión económica. Una situación que permitió que, como aseguró la semana pasada el ex presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, se tomaran esos ingresos coyunturales para generar gastos estructurales. Esos mismos para los que ahora hay que buscar recursos y que se sacan, entre otros sitios de la factura de fármacos.

Resulta extraño, aunque no por ello menos reconfortante que un representante político se atreva a decir que se equivocó. Que no tenía que haber entrado en la carrera de tener una universidad en cada pueblo, un hospital en cada barrio y un centro de referencia internacional en cada esquina.

La solución a los problemas de España y los de la sanidad en particular pasan por evaluar y decidir cual es la óptima distribución de servicios. Aunque eso signifique que haya que cerrar alguno, o muchos. Y eso solo se puede hacer dejando a un lado los intereses partidistas, que no la política.