| viernes, 19 de julio de 2013 h |

Vengo observando en las últimas semanas que hay bastante barullo con las denominadas Alternativas Terapéuticas Equivalentes (ATEs), o como en Andalucía decidan llamarlas finalmente para elidir a la Ley de Garantías, y los biosimilares. Desde diferentes ámbitos se mezclan lo que son conceptos totalmente diferentes desplazando el debate hacia ámbitos que, desde mi punto de vista no son correctos.

En el debate en el que nos encontramos en los últimos meses no tienen nada que ver ATEs con biosimilares. Lógicamente las administraciones que buscan ATEs se fijan en primer lugar en los biosimilares, pero luego tiran de otros medicamentos que nada tienen que ver con los productos de referencia. Si sustituir un medicamento biológico por su biosimilar está prohibido por la legislación, a pesar de ser medicamentos que comparten muchas de sus características, debería estar mucho más prohibido el cambio por un ATE que no tiene por qué compartir ni siquiera mecanismo de acción y, qué vamos a decir de sus perfiles de seguridad. Algunas de las moléculas sobre las que Andalucía ha establecido equivalencias terapéuticas se parecen como un huevo a una castaña, mientras que los biosimilares deberían ser lo más parecido posible a los originales.

Muchos ATEs son biosimilares o me-too, lo cual es algo grave. Pero lo peor es que haya otros que ni siquiera lo sean, es decir, que sean totalmente diferentes. Eso sí que es peligroso para la salud.

@JoseMLAlemany en Twitter