| viernes, 09 de septiembre de 2011 h |

La especial planificación farmacéutica de la Comunidad Foral de Navarra, auspiciada por la Ley Foral 12/2000, lo que se ha denominado ‘modelo navarro’, ha sido durante muchos años el arma arrojadiza preferida de todos aquellos que pedían la liberalización del sector de oficinas de farmacia en nuestro país. Un arma que incluso llegó hasta Bruselas en esa lucha que el que fuera comisario europeo de Mercado Interior, Charlie McCreevy, emprendió contra el modelo farmacéutico español. Ya han pasado más de diez años desde que se implantase ese modelo farmacéutico en Navarra, un modelo que, a pesar de lo que muchos quieran hacer creer o digan, no se trata de un modelo liberalizado. No. Es un modelo que se queda a medio camino. Un modelo con una planificación más flexible pero, ni mucho menos, un modelo liberalizado.

Pero, ¿cuáles han sido los beneficios que ha reportado la instauración de ese modelo y cuáles sus perjuicios? Entre lo que se podían llamar beneficios está que en estos últimos diez años 286 farmacéuticos se han convertido en nuevos titulares de otras tantas nuevas farmacias que se han abierto, fundamentalmente en el ámbito rural, en esta comunidad. Sin duda, nos congratula que esos farmacéuticos, entre los que se encuentran, por ejemplo, la actual presidenta del COF de Navarra, María Pilar García, y la presidenta de los empresarios farmacéuticos navarros (EFAN), Elena Jiménez, hayan podido acceder a la propiedad de una farmacia. Sin embargo, y a pesar de que parece que el modelo navarro ha alcanzado ya su límite de aperturas (el número de farmacias se ha duplicado en una década) y se aproxima ya a la tendencia existente en el resto del país, los efectos sobre la rentabilidad de las farmacias ha sido brutal: su facturación se ha estancado y respecto a la del resto de farmacia de España se encuentra en la mitad. En diez años se ha empobrecido un 40 por ciento. ¿Queremos muchas farmacias empobrecidas o farmacias rentables que ayuden al país a salir de la crisis?