FRANCISCO ROSA Madrid | viernes, 14 de marzo de 2014 h |

Según los datos que maneja la patronal europea de medicamentos (Efpia), el sector de las vacunas ha visto reducidos sus ingresos entre un 20 y un 25 por ciento en los últimos tres años dentro de la Unión Europea. Un dato que preocupa, y mucho, a unas compañías que invierten de media entre 800 y 1.000 millones de dólares, así como unos 15 ó 16 años, en la investigación y el desarrollo de cada producto y que ven cómo los estados destinan un 1 por ciento del gasto farmacéutico total (datos de noviembre de la OCDE) a su financiación. El problema, confirma Andrea Rappagliosi, presidente del grupo de Vacunas de la Efpia y vicepresidente de Market Access de Sanofi Pasteur-MSD, es “la falta de conciencia sobre los beneficios de una buena inmunización”, que está llevando a algunos estados a hacer una fuerte presión sobre los precios de las vacunas y limitar el acceso a algunas de ellas.

Esta situación castiga, por un lado, a los laboratorios, que no ven recompensada la fuerte inversión que tienen que realizar para adaptarse a la complejidad y sofisticación del proceso de fabricación de estos productos de origen biológico. Asimismo, se podría poner en riesgo la salud de la sociedad, así como generar costes adicionales como consecuencia de una mala inmunización, sobre todo en la población adulta.

Esto es precisamente lo que podría ocurrir, según Rappagliosi, en países como España, donde las autoridades han decidido desplazar vacunas como Bexsero o Varivax de la oficina de farmacia, limitando el acceso a las mismas. También critica de nuestro país la falta de acuerdo sobre el calendario vacunal, “imprescindible para evitar la circulación de los virus en un país con mucha movilidad interior”. “Pensamos que se está enviando un mensaje poco adecuado a la sociedad, ya que se está infravalorando la importancia de una buena inmunización y es posible que muchos ciudadanos empiecen a cuestionarse la necesidad de vacunarse y de vacunar a sus hijos”, añade.

Diálogo necesario

Para tratar de solucionar esta situación, propone abrir un diálogo con los distintos estados. “Lo primero que habría que hacer sería definir un plan/estrategia de inmunización en la que deberían participar todos los actores implicados, los fabricantes de vacunas incluidos”, señala el responsable de la Efpia. Lo siguiente, dice, sería preguntar si el 1 por ciento del gasto total en sanidad es suficiente para inmunizar a toda una sociedad. De cara a este diálogo, Rappagliosi sostiene que sería importante una cierta flexibilidad por parte de la industria, que tendría que estar dispuesta a adaptarse a las necesidades locales.

La contracción del mercado de vacunas en la Unión Europea ha dejado de ser un fenómeno inocuo para convertirse en una amenaza para la fabricación y la comercialización de algunos de estos productos en territorio comunitario. En este sentido, cabe destacar que, como ha podido saber EG, han comenzado a darse algunos casos que vienen a confirmar esta teoría.

Concretamente, tanto la americana Baxter como Crucell, adquirida por Johnson & Johnson en el año 2011, habrían anunciado a las autoridades europeas que tienen pensado abandonar la producción y la venta de algunas de sus vacunas en Europa. Según las fuentes citadas, esta postura tendría que ver directamente con las dificultades derivadas de las políticas que están aplicando algunos estados.

En el caso de Baxter, la decisión ha trascendido el ámbito estrictamente comunitario y, según ha podido confirmar este periódico, habría trasladado ya su postura tanto al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, como a la patronal Farmaindustria.

Pese a los distintos intentos por contrastar la información con las compañías afectadas, cabe señalar que estas no habían podido dar respuesta a las cuestiones planteadas antes del cierre de esta edición.