Francisco rosa Madrid | viernes, 30 de noviembre de 2012 h |

Las palabras pronunciadas por Víctor Grifols la semana pasada durante un encuentro organizado por la Asociación Española de Analistas Financieros resonaron con fuerza y han generado múltiples reacciones en el seno del sector. El presidente de la compañía de hemoderivados se dejó llevar por la frustración y anunció la posibilidad de que el laboratorio con sede en Barcelona deje de realizar inversiones tanto en Cataluña como en España, en respuesta a los impagos de la Administración. Sin embargo, una semana después parece que todo ha vuelto a la calma y un portavoz de Grifols ha aseguró a EG que “el plan de inversiones de capital para el periodo 2012-2015 se mantendrá”.

“El plan que anunciamos en 2011 está dotado con unos 414 millones de euros para mejorar las instalaciones productivas que tenemos en España y en Estados Unidos. La idea es que en torno al 40 por ciento de ese total se quede aquí. Por lo tanto, hay inversión comprometida y prevista en España para los próximos años”, confirmó esta misma fuente, que recordó, además, que Grifols habrá invertido unos 50 millones de euros en España cuando concluya el presente año.

Parte de ese total ha ido a parar a la planta de Torres de Cotillas, en Murcia, en la que la compañía ha puesto recientemente unos 18 millones de euros con el objetivo de ampliar la capacidad de producción hasta los 40 millones de unidades de soluciones intravenosas en bolsa de polipropileno. Asimismo, desde la firma catalana ya se han hecho públicas las intenciones de poner cinco millones de euros adicionales para la fase IV, que tiene como objetivo la integración de toda la producción en un solo complejo.

Por lo tanto, con todos estos datos sobre la mesa, se puede afirmar que el compromiso de Grifols con España, país en el que cuenta con una plantilla de unos 2.390 empleados, sigue vigente. Otra cosa muy distinta es el descontento que existe en el seno de esta compañía, el cual comparte con otras muchas dentro del sector. Descontento que se deriva principalmente de los retrasos en el cobro de las facturas que tienen pendientes con la Administración.

Sobre este particular se pronunció la semana pasada la presidenta de Farmaindustria, Elvira Sanz, quien en una entrevista en Europa Press mostró una confianza relativa con respecto a la resolución del problema. Por un lado, se mostró “esperanzada” con respecto a las intenciones mostradas por el Gobierno, que ha reiterado en estas últimas semanas su compromiso con los proveedores sanitarios y ha dejado claro que la liquidación de las facturas de 2012 está en la agenda de prioridades.

En cambio, Sanz no pudo asegurar que las intenciones del Gobierno vayan a cristalizar en soluciones, dada la delicada situación de las cuentas públicas. “Aunque entendemos que existe una voluntad firme por parte de las autoridades, no se puede asegurar que el pago sea posible”, concluyó la presidenta de la patronal, que cuantificó el adeudo acumulado en 2012 en torno a los 2.300 millones de euros.

Repercusiones

Una vez en este punto, cabe señalar que los impagos no tienen la misma repercusión en todas las compañías. Bien es cierto que todas salen perjudicadas, pero es la industria nacional, y especialmente la que está más expuesta al mercado interno, la que más está sufriendo las consecuencias de la impuntualidad del Gobierno y se está viendo obligada a salir de España para mantener su viabilidad.

“Nadie puede soportar unos periodos de cobro como los de España con un mercado financiero cerrado. La exportación se ha convertido en la única forma de sobrevivir para muchas compañías”, señala Luis Mora, director general de Pharmamar, quien entiende el fondo de la reivindicación de Grifols, aunque, al igual que Farmaindustria, considera que las formas hicieron perder la razón a Víctor Grifols.

En opinión de Mora, las cosas se han hecho mal desde el principio, y el Gobierno tiene mucha responsabilidad en las dificultades que atraviesan las compañías farmacéuticas y biofarmacéuticas. En primer lugar, porque los impagos reflejan que el Ejecutivo está incumpliendo la ley al superar los establecidos para remunerar el servicio de los proveedores. Y, en segundo lugar, porque las prioridades que se han marcado nuestros decisores económicos están muy apartadas de la realidad.

“Se ha anunciado recientemente una nueva inyección para los bancos de 40.000 millones de euros con dinero de los españoles. Si una compañía como la nuestra tuviera problemas financieros, ¿la rescatarían? Dado que somos el único fabricante de Yondelis en el mundo, ¿se puede decir que es más importante rescatar un banco que ayudar a que los afectados por sarcoma puedan recibir su tratamiento?”, se preguntó, a modo de reflexión, el director general de Pharmamar, quien además denunció el retraso en la financiación de nuevos fármacos.

La semana pasada, teniendo en cuenta la repercusión de las palabras de Víctor Grifols, EG puso en marcha una encuesta para tomar el pulso a sus lectores y conocer cuál era su opinión con respecto al controvertido suceso. Como de costumbre, se ofrecieron varias opciones para que tuvieran cabida las distintas sensibilidades, aunque los resultados indican un apoyo mayoritario al responsable de la compañía de hemoderivados con sede en Barcelona. A este respecto, cabe destacar que el 80 por ciento de las personas que participaron en la encuesta consideraron que las palabras de Grifols “son fiel reflejo del hartazgo de todo un sector, el de la industria farmacéutica”.

Aunque este respaldo masivo no quita para que existan posiciones discordantes en el fondo y, sobre todo, en la forma. En este sentido, es preciso señalar que un 8 por ciento de los encuestados entendía las reivindicaciones de Víctor Grifols, pero consideró que “hay otras maneras de decir las cosas”. En torno al 5 por ciento de los participantes consideró directamente que las declaraciones realizadas “atentan contra los intereses del Estado y la marca España”, mientras que más del 7 por ciento opinó que, dada la gravedad de los hechos producidos, “habrá consecuencias” para el laboratorio catalán.