| lunes, 18 de junio de 2012 h |

El presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Alberto García Romero emplazó al sector a “estar preparado para el cambio”, ya que, en su opinión, el modelo de farmacia “arrastra inercias e ineficiencias que con la crisis se están haciendo más evidentes”. Entre estas inercias, el presidente colegial madrileño destacó la excesiva dependencia del sistema público o el deterioro de los márgenes profesionales por la continua intervención de los precios.

Para frenar la caída de la rentabilidad de la farmacia, García Romero abogó, durante su intervención en la segunda edición de las Jornadas de Farmacia Activa organizadas por Stada el pasado 14 de junio, por “buscar nuevas vías profesionales, asumir nuevas funciones y un mayor protagonismo en la salud de los pacientes, potenciando al mismo tiempo la gestión y la rentabilidad de la farmacia, porque creemos que es el mejor modo de encarar el futuro”. En esta línea, el colegio madrileño, junto al Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona, ha abierto un proceso de trabajo con los colegiados para reforzar el papel asistencial de la farmacia y desarrollar una cartera de servicios que incluya nuevos servicios de atención al paciente.

Catálogo de servicios

Por otro lado, el colegio madrileño presentó un catálogo de servicios privados remunerados a la Consejería de Sanidad dentro del actual concierto de prestaciones, que incluye 15 áreas terapéuticas con 51 servicios posibles en áreas como la dermofarmacia, la salud mental y demencias, adicciones, alergias o salud de la mujer. Para García Romero se trata de “una alternativa para garantizar la viabilidad económica de las farmacias”, porque “no nos podemos conformar con hacer planes para mantener lo que tenemos”. En su opinión, “eso no nos garantizará ninguna seguridad, hay que dar un paso más”.

El presidente madrileño cuestionó, además, la “confusión e incertidumbre” que han generado en la farmacia el nuevo marco regulador. Entre otros problemas, aludió a la aplicación de la nueva aportación farmacéutica a partir del próximo 1 de julio o la complejidad de gestionar el stock de la farmacia “con continuos cambios mensuales en los precios de medicamentos cuyo suministro no está garantizado por sus fabricantes”. “Uno se pasa la vida mirando el nomenclátor de medicamentos y cada vez tenemos menos tiempo para dedicárselo a los pacientes, nuestra razón de ser como profesionales”, lamentó.