marcos cana Sidney (Australia) | viernes, 14 de febrero de 2014 h |

La farmacia española exporta talento a más de 17.000 kilómetros. Daniel Sabater lidera un proyecto investigador de la Universidad Tecnológica de Sidney (Australia) que tiene por fin implantar un servicio dirigido a pacientes con riesgo cardiovascular (RCV) en sus boticas. Una noticia para sacar pecho y mirarse el ombligo: sufrimos “fuga de cerebros” en investigación farmacéutica.

Pregunta. ¿En qué consiste este proyecto que lidera?

Respuesta. Pretendemos desarrollar un modelo teórico de servicio farmacéutico dirigido a pacientes con RCV. Luego queremos evaluar su viabilidad, funcionamiento y rendimiento en condiciones reales en la farmacia comunitaria. Nos interesa que el servicio se haga realidad. Quise proponer una parte del proyecto en España para también iniciar allí la evaluación del modelo teórico. Mi intención es que todo lo que hago aquí en Australia pueda tener repercusión en mi país. Si esto puede ser origen de cualquier movimiento allí, me alegraré.

P. En Australia, ¿es habitual que la Universidad lidere la puesta en marcha de nuevos servicios?

R. A veces sí, pero siempre trabajando mano a mano con organizaciones profesionales. Creo con firmeza que la Universidad debe participar en cualquier investigación en servicios farmacéuticos.

P. España está muy alejada geográficamente. ¿También en AF?

R. Se encuentran en etapas diferentes. En Australia, el escenario favorece la prestación de servicios, puesto que ya se ha concretado una serie de ellos y se encuentran debidamente remunerados (a la farmacia o al farmacéutico). El reto actual es normalizarlos e integrarlos en la rutina diaria. Mientras, en España se sigue trabajando demasiado a nivel conceptual. España es ‘líder’ mundial proponiendo definiciones y nuevos servicios pero, a partir de aquí, no sabemos qué hacer con ellos. Apenas hay información sobre cómo funcionan o se adaptan al escenario, no se dispone de suficiente evidencia científica… Tampoco hay experiencia sobre cómo implantarlos a nivel masivo, para lo cual se necesitaría su remuneración. No obstante, si se trabaja conjunta y adecuadamente, pueden ser realidad.

P. ¿Y el interés profesional?

R. No creo que en España exista ni más ni menos interés. Pero han empezando a surgir cuatro o cinco carteras de servicios que, a priori, se van a desarrollar de forma independiente. En Australia también existen ideologías diferentes entre los colectivos, pero se ha apostado por una única cartera nacional común. Y es la que prevalece, con o sin críticas.

P. La Administración española parece reacia a pagar…

R. Yo no tendría dudas en pagar por servicios que mejoraran la salud de los pacientes y generara ahorros al sistema. La administración australiana ha decidido ‘compartir’ parte del dinero ahorrado con aquellos profesionales que les posibilitan tal ahorro.

P. En la Universidad de Sidney están “encantados” de acoger a jóvenes investigadores españoles como usted.

R. Nos ofrecen la oportunidad de ser la primera generación de académicos formados exclusivamente en Atención Farmacéutica, lo cual no podemos conseguir en las universidades españolas. Si en algún momento regresamos y a profesión consigue entender nuestro rol, podríamos ser de gran ayuda.