| viernes, 26 de octubre de 2012 h |

Estrenamos presidenta de la patronal española de compañías farmacéuticas innovadoras, Farmaindustria, Elvira Sanz, y con ella un pozo sin fondo en el horizonte más próximo a fin de salir del atolladero en el que nuestro sector se ha visto envuelto particularmente. Sobre este particular, se debe resaltar que los ajustes han propiciado una situación crítica para muchas empresas que ha supuesto, además de la pérdida de más de 8.000 puestos de trabajo directos y 20.000 indirectos.

En 2011, por primera vez desde el ejercicio del 2007, la inversión en I+D de las compañías farmacéuticas bajó de los 1.000 millones de euros, como consecuencia del fuerte impacto de las medidas de contención del gasto farmacéutico adoptadas. En concreto, durante el pasado ejercicio, la inversión en I+D del sector farmacéutico en nuestro país fue de 974 millones de euros, un 5,3 por ciento menos que en el año anterior. Además, la deuda acumulada por suministro de medicamentos a hospitales públicos del Sistema Nacional de Salud a 31 de diciembre de 2011 que superaba los 6.300 millones de euros, ha representado un gravísimo problema para el sector en España.

La preocupación ahora es la normalización de los pagos futuros, pues en estos momentos ya se están produciendo importantes demoras a lo largo de este ejercicio. En este sentido, cabe destacar que a 30 de septiembre de 2012 la deuda ya vencida asciende a unos 2.300 millones de euros.

Hay que decir que la situación por la que atravesamos invita a pensar que estamos en un punto de no retorno. Para que eso no ocurra se requiere un marco estable y predecible, sin convulsiones que afecten a su actividad. Si esto es fundamental para cualquier sector de la actividad económica, resulta imprescindible para uno de ciclo largo como es el farmacéutico.

A este respecto, pienso que esta es la única forma de que las compañías que invierten a largo plazo, y aquí hay que decir que el proceso de investigación de un fármaco tiene un coste superior a los 1.000 millones de euros y dura más allá de diez años, puedan reemprender de nuevo la senda de la innovación.

Por otra parte, creo que se debe recordar que el acceso a los nuevos medicamentos nos lleva a concluir que hay un alarmante retraso en las aprobaciones de precios que está afectando no solo a la industria sino también a los pacientes que no pueden acceder a los nuevos fármacos. Más todavía, en las comunidades autónomas y en los hospitales se producen también demoras o incluso exclusiones de los nuevos medicamentos aprobados por el Ministerio de Sanidad de los sistemas de prescripción electrónicos y de las guías farmacoterapéuticas hospitalarias. Estas iniciativas autonómicas quiebran la equidad del Sistema Nacional de Salud, al suponer autenticas barreras que impiden que los médicos puedan prescribir con normalidad.

Es urgente que se articulen procedimientos que garanticen que los médicos puedan prescribir con normalidad, y, por tanto sus pacientes puedan acceder sin restricciones burocráticas a los medicamentos aprobados por el Ministerio de Sanidad e incluidos en la prestación farmacéutica pública, sin más limitaciones que las que pueda establecer el propio ministerio que dirige en la actualidad Ana Mato, como garante último del derecho de todos los ciudadanos a la protección de la salud y a la asistencia sanitaria.