J. Ruiz-Tagle Madrid | viernes, 17 de enero de 2014 h |

La farmacia, como cualquier otro negocio, está expuesta ante acciones delictivas. A pesar de que los índices de criminalidad han ido en descenso en el último lustro, en poblaciones muy habitadas los hurtos y robos con violencia son frecuentes. “La casuística en los últimos cinco años es más uniforme. Se producen en las grandes ciudades, sobre todo con las nuevas estrategias de marketing, que dejan el género más accesible”, explica Juan Antonio Sánchez, socio y coordinador general de la consultora Aspime.

Tras haber digerido el mal trago de sufrir un robo, el farmacéutico debe saber cómo actuar para que el impacto económico sea el menor posible. En primer lugar, denunciar el hurto ante la policía es condición sine qua non para poder adscribirse a los resquicios fiscales que tiene a su disposición. “Si hay denuncia tras un robo sí es deducible. Yo tengo un caso en el que a un cliente le robaron dos portátiles y algo de efectivo. Él puso la denuncia indicando el valor de los objetos que le fueron sustraídos y la agencia tributaria aceptó la deducción de la reposición de lo robado”, explica Sánchez.

Sin embargo, existen casos en los que los hurtos consisten en un goteo de pequeñas sustracciones. Es tedioso denunciar diaria o semanalmente el robo de pequeñas cantidades de género, pero las consultorías aconsejan al farmacéutico no tomar iniciativas poco justificables. “Determinadas valoraciones de farmacéuticos, como por ejemplo que aquel que tiene una superficie de exposición gigantesca y de difícil control visual le diga a sus empleados que cada semana hagan inventario de los productos expuestos para ver cuántos hurtos ha habido, no son admisibles ante una inspección fiscal”, asegura Sánchez.

Más allá de la denuncia, las farmacias disponen de un seguro que les cubre ante este tipo de actos delictivos. Estos se encargan de cubrir económicamente el valor de la reposición, pero en ocasiones pueden demorarse hasta el punto de incidir en ejercicios fiscales distintos. “Si te roban a finales de año, puedes deducirte fiscalmente por el valor de los que te hayan sustraído; ahora bien, cuando indemniza la compañía de seguros, hay que integrar en la fiscalidad de la farmacia del ejercicio siguiente esa indemnización, porque de lo contrario se estaría incurriendo en un fraude”, dice Sánchez.

Uno de los gastos más deducibles asociados a robos y hurtos son las contrataciones de personal de seguridad o cualquier obra o sistema de instalación que se ponga para evitarlos. De hecho, hay una novedad importante desde 2013 gracias a la Ley de Emprendedores, “en la que cualquier inversión tiene una deducción de entre el 5 al 10 por ciento”.

El ministerio del Interior, además, explica que todas las farmacias deben contar con un dispositivo de tipo túnel, bandeja de vaivén o bandeja giratoria con seguro, ubicados en un elemento separador que impida el ataque a las personas que se hallen en el interior. Además, según el organismo, la utilización de esta medida es obligatoria cuando se preste servicio nocturno. “Estos dispositivos pueden ser sustituidos por persianas metálicas, rejas homologadas o cristal blindado homologado”, explican desde el ministerio.