alberto cornejo Madrid | viernes, 22 de noviembre de 2013 h |

Pregunta. Dicen que el saber no ocupa lugar, pero IFC sí tiene ya su espacio dentro del sector, ¿no?

Respuesta. Creo que sí, que poco a poco hemos conseguido hacernos nuestro hueco.

P. Más que instituto, ¿toda una institución?

R. Me conformo con que siga siendo considerado como un instituto que facilita la mejor preparación de los farmacéuticos. Así ya tiene suficiente significado.

P. ¿Qué idea tenéis ‘en curso’?

R. Ahora estamos muy centrados en todo lo que tiene que ver con envejecimiento y cronicidad. Es lo que toca.

P. Y tú, como aficionada de la escultura figurativa, ¿qué te traes entre manos?

R. El tiempo me da para lo que me da, que es poco. Pero desde hace año y medio estoy trabajando en una pieza que me está ‘mirando’ para que la acabe. No sé cuándo, pero la acabaré.

P. Hablando de figuras, ¿la del farmacéutico está desdibujada?

R. Muy desdibujada, tanto en la comparativa con otros profesionales sanitarios como en la consideración que tiene la Administración. En ningún caso es achacable a nosotros, los farmacéuticos, que realizamos una labor encomiable día a día.

P. Los moldes están. Y son buenos, ¿no?

R. Claro que lo son. Pero, ¡ojo!, también hay que saber modificar los moldes cuando es necesario.

P. ¿No será un problema de ubicación? Es decir, trasladarlo del sótano a la sala de exposiciones.

R. Siempre estamos expuestos. Sobre todo cara al público, que es lo importante.

P. Sigamos moldeando esta entrevista. ¿A quién le esculpirías un monumento?

R. No me gusta idolatrar ni elevar a nadie más arriba de donde estamos todos. Pero si tuviese que hacerlo en este momento, sería a Carmen Peña, presidenta del Consejo General, por la importancia que juega en nuestro presente y futuro.

P. Lo plantearé de otra manera. ¿Quién sería un invitado de honor en tu querido El Olivar?

R. Las puertas de mi casa de campo están abiertas para todos mis compañeros. Todo el mundo debería tener la oportunidad de conocer ese entorno privilegiado.

P. Pues ahora que se trabaja en un Pacto con la Farmacia, quizá estaría bien para las cumbres.

R. Estoy segura que les encantaría. ¡Y me encantaría! Además, se trata de un lugar donde reina la tranquilidad y, por tanto, donde es más fácil escucharse y reflexionar. Desde aquí queda ofrecido como punto de encuentro.

P. El Pacto de El Olivar. ¿Se imagina?

R. Suena muy bien, ¿verdad?

P. Y, favor por favor, que luego echen una mano en el huerto, tu ojito derecho.

R. No es necesario. Es mi entretenimiento, por lo que puedo valerme sola.

P. Manitas en el exterior… Y en el interior…

R. Sí, me gusta redecorar mi casa, aunque eso implique ponerla patas arriba. Cambiar los adornos, colores…

P. ¿Eso quiere decir que lo que en tu vida hoy es blanco mañana puede ser negro?

R. No, solo es una forma de resolver mi inquietud. Hay quien afronta el estrés yendo de compras. Yo, en cambio, me relajo así.

De lunes a viernes, Yolanda Tellaeche (Las Arenas, Vizcaya) sufre lo que define como “mal del pluriempleado”, que consiste en “trabajar, trabajar y trabajar”. Sus más de treinta años de profesión desembocan actualmente en la titularidad de una botica en Alcalá de Henares y la presidencia del Instituto de Formación Cofares que, desde 2009, es ‘santo y seña’ formativo en el sector. Si por ella fuese, y sabedora que “tendrían éxito”, incluiría en su programa cursos sobre arte (se define “apasionada” de Rodin y Claudel en escultura figurativa, y Dalí y Piccaso en pintura) y horticultura. Son aficiones para el fin de semana y a las que espera dedicar más tiempo. “Si algún día me jubilo”, avisa.