F. R. Madrid | viernes, 03 de enero de 2014 h |

La Red Internacional para la Seguridad en la Medicación (IMSN) emitió recientemente un informe con nuevas recomendaciones para garantizar el uso seguro de los medicamentos, en el que insta a la implicación, principalmente, de las autoridades regulatorias, la industria farmacéutica y los profesionales en una labor fundamental para proteger la salud de los pacientes.

La IMSN justificó la publicación de esta guía con la necesidad de mitigar unos problemas que, a priori, son evitables. “La mayoría de las muertes y daños causados por errores de medicación son absolutamente prevenibles. El problema es que hay una clara infrautilización de herramientas y sistemas dirigidas a garantizar la seguridad, las cuales son claves para el éxito de cualquier estrategia”, indica este organismo.

En cuanto a los errores y confusiones más frecuentes, se encuentran aquellos relacionados con el nombre de los medicamentos. Concretamente, los hay que pueden confundirse con los de otros fármacos que se encuentran comercializados. María José Otero, del Instituto para el Uso Seguro de los Medicamentos (IUSM) en España, señalaba recientemente algunos de los casos más flagrantes, en los que se entremezclan además marcas y nombres de principios activos: Aricept y Azilect, hidroxicarbamida e hidroxocobalamina, por ejemplo.

Otro de los aspectos que puede dar lugar a errores de medicación es el etiquetado y empaquetado. Así, la apariencia similar entre distintos productos, o entre medicamentos idénticos pero con dosis diferentes serían algunos de los casos que deberían prevenirse. Asimismo, se han detectado muchos casos en los que la información que se ofrece es insuficiente o ambigua, lo cual favorece un uso incorrecto de los tratamientos por parte de los pacientes.

Frente a estas situaciones, la IMSN pide a los estados que introduzcan en su regulación normas claras que alienten el uso seguro de los medicamentos. “En muchos países las directrices no son suficientes para salvaguardar la seguridad de los pacientes. Además, suele tenerse poco en cuenta el factor humano a la hora de seleccionar y diseñar nombres, etiquetados y empaquetados”, concluye el informe. Por este motivo, se hace necesario un plan de acción global, en el que deberían participar todos los actores implicados.

En una línea similar se expresaba Otero, durante el debate público organizado por la IMSN sobre la necesaria implicación de los organismos y agencias reguladoras en la prevención de riesgos: “El etiquetado y empaquetado debería hablar un lenguaje universal, aunque existen variaciones entre países que podrían tener implicaciones importantes en la seguridad de los pacientes. En todo caso, parece esencial establecer unos estándares y promover la cooperación internacional y el intercambio de información”.

Todos los actores implicados

En cuanto a las recomendaciones concretas de la IMSN para los distintos actores, destaca el llamamiento a los legisladores y organismos regulatorios a que refuercen las medidas para testar los diseños antes de lanzarlos al mercado, incorporen el factor humano a sus decisiones y realizar campañas de promoción para el uso seguro.

A la industria farmacéutica, por su parte, se le pide que haga un mayor esfuerzo a la hora de asegurarse de que la elección y el diseño de nombres, etiquetados y empaquetados, de modo que no se induzca al error y se minimicen los problemas derivados.

En cuanto a los profesionales sanitarios, se recomienda su implicación en el asesoramiento previo al diseño de los envases. Según la IMSN, la implicación de estos podría dar lugar a una mejor identificación de los elementos que generan confusión y de ese modo se minimizarían significativamente los riesgos.