carlos B. rodríguez Madrid | viernes, 05 de julio de 2013 h |

Hay quien se resiste a crecer, pero lo del copago farmacéutico español es de manual de Psiquiatría. A esta fórmula de racionalización le ha tocado esperar la friolera de 47 años para alcanzar la mayoría de edad. Y pese a que casi medio siglo es mucho tiempo como para pensar en un paso a la madurez tranquilo y progresivo, su entrada ‘por renta’ de la mano de Ana Mato ha sido como la del elefante en la cacharrería. Un año después de su estreno ha contribuido a la racionalización del sistema por la vía de la reducción del coste, pero está por ver si ha contribuido a cambiar la cultura de los ciudadanos en torno al consumo y si ha contribuido a la mejora de las prestaciones.

El debate sobre el copago se ha visto afectado por una tremenda demagogia. Existe en España desde la Ley General de la Seguridad Social de 1964: cinco pesetas cuando el precio del medicamento fuese inferior a 30 pesetas, y progresivamente una peseta más (hasta un tope de 50) cuando fuera mayor. Hasta 1978 la cuantía era igual tanto para activos como para pensionistas. Después no hubo cambios en 30 años, salvo para excluir medicamentos y aplicar nuevos topes en el sistema de aportación reducida.

Pero esos años permitieron ir generando un estado de opinión sobre un sistema que no era equitativo: tendría que estar vinculado al nivel de renta y no al estado de activo o jubilado. Pero mientras ni PP ni PSOE se atrevían a meterle mano por miedo a perder votos, la demanda de medicamentos se disparaba.

Que el copago por renta haya llegado, ya no por rodillo parlamentario, sino por ‘rodillazo’ de real decreto-ley en las partes nobles, y que lo haya hecho a la sombra de la crisis y no de la necesaria racionalización de la demanda es lo peor que le podía haber pasado en su día de graduación. Parece alejado de la realidad que Mato se empeñe en convencer a los ciudadanos del éxito del copago cuando algunos estudios indican que hay pacientes que se pueden estar renunciando a varios de sus medicamentos para llegar a fin de mes. Y Sanidad no solo se limita a negarlo, sino que se niega a estudiarlo.

La ministra no solo ha tenido a su favor la mayoría parlamentaria, sino las sentencias del Constitucional que han permitido llamar a filas a Cataluña, Asturias, Madrid, País Vasco y Navarra. Y todo en aras de la ‘supuesta’ equidad del copago por renta. Porque, que nadie se engañe. Sí, este copago es más equitativo, pero sus nuevos topes siguen sin llegar y las comunidades siguen sirviéndose de los adelantos mientras presumen de receta electrónica, una mezcla que no ayuda sino a ver el copago como algo recaudatorio, en lugar de disuasorio.