| viernes, 02 de octubre de 2009 h |

Pablo Martínez

Periodista e historiador

La expresión latina primun non nocere (“lo primero no hacer daño”) es un principio inherente a la práctica de la medicina y dentro de ella, como es lógico, a la prescripción de medicamentos. Muchos lo remontan al juramento hipocrático: “Juro por Apolo médico, por Esculapio, Hygeia y Panacea… que para cuidar de los enfermos, prescribiré el régimen más apropiado según mi juicio y mi ciencia, y apartaré de ellos todo inconveniente y daño…”. Galeno de Pérgamo (130 – 200), el gran compilador de los conocimientos médicos de la antigüedad, en su ‘Corpus Hipoocraticum’ (Epidemias. Libro I) señala que “para ayudar, no hay que hacer daño”.

Así podríamos seguir hasta nuestros días, puesto que en el ejercicio de las profesiones sanitarias el respeto a esta regla de conducta ha sido inseparable de su propia naturaleza. Hasta tal punto esto es así, por tratarse de un principio ético elemental y generalmente seguido, que ha despertado la admiración de otras profesiones. Al comienzo de la actual crisis económica, fruto como se sospecha de la codicia sin escrúpulos de algunos especuladores a nivel global, dos profesores de la Escuela de Negocios de Harvard propusieron la creación de una especie de “juramento hipocrático” que deberían cumplir los directivos empresariales para asegurar su profesionalidad. Ya podemos imaginar que fue una declaración de buenas intenciones totalmente vana, pero en el caso de médicos y profesionales farmacéuticos no lo es y no lo ha sido nunca.

La polémica suscitada la semana pasada por la imposición de la dispensación de la píldora del día después (PDD) sin receta médica, sin protocolo de actuación común, sin las instrucciones que el Ministerio de Sanidad y Política Social prometió… pienso que no ha sido tan grave en la mayoría de las oficinas de farmacia. Todos los farmacéuticos a los que he consultado me han dicho que actuarían según el primum non nocere, y estoy seguro de que lo harán bien. La pena es que tanta sensatez no sea mejor utilizada por las llamadas autoridades sanitarias.