| viernes, 26 de agosto de 2011 h |

Pablo Martínez, periodista e historiador

Con relación a la insuficiente financiación del Sistema Nacional de Salud y la deuda sanitaria acumulada por las comunidades autónomas, el Gobierno, prácticamente en funciones, ha elegido la opción de menor coste electoral general. Esta es una de las explicaciones plausibles de las medidas de recorte del gasto farmacéutico acordadas en el Consejo de Ministros del pasado 19 de agosto. Con ellas, se ha llevado el precio de los medicamentos a un nivel estrafalariamente bajo, castigando a todos los agentes de la cadena que dependen de un margen de dichos precios. El modelo de prestación farmacéutica ha quedado finiquitado, consumado, gastado, liquidado.

No es la primera vez que se tomaba este camino para tratar de mejorar las cuentas públicas, sin considerar siquiera otras partidas de la sanidad mucho más ineficientes. Han sido 24 recortes desde 2000 y se ha tocado fondo. Hasta tal punto ha sido evidente, incluso para el propio Gobierno, esta situación de derrumbe, que ha articulado medidas de apoyo a las farmacias rurales que han quedado en situación de quiebra técnica. Queda por ver si 823 euros al mes por farmacia rural valdrán de algo. La cuestión es que fuera de esos núcleos rurales quedan muchas farmacias en condiciones similares, con un 80 por ciento de su facturación dependiente de recetas oficiales, a las que no van a salir las cuentas. Menos todavía si se producen retrasos en los pagos que las obligan a endeudarse para reponer sus stocks. En definitiva, la industria farmacéutica menguará y buscara la estabilización a través de despidos masivos; la distribución mayorista entrará en un proceso de fusiones forzadas con muchas pequeñas empresas que se quedarán en el camino, y entre las oficinas de farmacia solamente tendrán garantías de salir adelante las cerca de 7.000 (de un total de más de 21.000) que actualmente pueden considerarse boyantes. Es decir, el modelo está finiquitado.

Los que vengan a gobernar después de las elecciones generales del 20 de noviembre tienen que ser conscientes de la situación creada y desde este mismo momento pensar y negociar con el sector cómo será la articulación del nuevo modelo.