| viernes, 08 de julio de 2011 h |

Pablo Martínez, periodista e historiador

Tengo al presidente de Cofares Carlos González Bosch por un paridor de buenas ideas, que tiene el mérito de poner la mayoría de ellas en marcha, porque algunas, las que están fuera de su ámbito de competencias, quedan como un brindis para los que tienen la responsabilidad de ejecutarlas. Una de estas últimas, que no puede abordar directamente pero que acaba de poner encima de la mesa para que tomen nota los políticos, es una posible alternativa para financiar adecuadamente el SNS. Explica el presidente de Cofares que el sempiterno déficit presupuestario de la sanidad deriva de la ausencia de vinculación entre el gasto público y la capacidad de financiación del mismo por estar ligado a impuestos, una parte de ellos IVA e IRPF, y que al bajar la recaudación de estos últimos por la crisis la situación se ha agravado: deuda oculta, recortes en la financiación del vademécum, retrasos en los pagos y bajada de precios de medicamentos y descuentos por facturación.

Más de 800 millones de euros aportaron las farmacias y la distribución en 2010 sin que haya la mínima constancia de que ese dinero haya revertido a la financiación del SNS. González Bosch considera la situación insostenible y reclama un cambio profundo en las bases que lo sustentan. No dice esto no puede seguir así y ahí se queda, ofrece alternativas. Nos pide que nos fijemos en la educación obligatoria, al igual que la sanidad, de acceso universal y transferida a las autonomías, pero sin deuda oculta y con una financiación ajustada al gasto real consolidado cada año. Ello se produce, dice, porque la financiación de la educación está vinculada a tasas que todos los años se revisan al alza teniendo en cuenta el gasto real comprometido. La pregunta la dejó en el aire González Bosch en la última asamblea general de la cooperativa: “¿Qué impide que la sanidad tenga un tratamiento similar?”.