| viernes, 08 de julio de 2011 h |

Antonio González es periodista del diario ‘Público’

La sanidad será uno de los temas estrella en las próximas elecciones generales. El candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, lo sabe bien, y ha abierto el fuego de las promesas electorales, y eso que aún queda para que dé comienzo la batalla por La Moncloa, con un anuncio sobre sanidad. Para tranquilizar a todos los partidarios del sistema público que ven peligrar el modelo construido con tanto esfuerzo durante tantos años, Rubalcaba aseguró que en los próximos Presupuestos Generales del Estado habrá 8.000 millones adicionales para sanidad. Dicho así suena como música celestial para un sistema que es deficitario porque su finalidad no es la rentabilidad, sino proteger la salud de una población que, a diferencia de las dotaciones presupuestarias, no ha dejado de crecer ni de envejecer en los últimos años.

Pero, por desgracia, el anuncio de Rubalcaba suena más a promesa electoral que a un propósito del Gobierno de coger el toro por los cuernos para asegurar la sostenibilidad del sistema sanitario público. Tenemos, en primer lugar, la cifra redonda de 8.000 millones. ¿Por qué no 7.500, 9.500 o 10.000? Aunque la situación de las cuentas del Sistema Nacional de Salud se va aclarando, sigue sin haber un dato global de las deudas del sistema, que en cualquier caso, según la mayoría de las estimaciones, superaría los 10.000 millones de euros. ¿Por qué entonces, ya que vamos a poner dinero encima de la mesa, nos quedamos cortos?

Pero la segunda incógnita es aún más grave. Rubalcaba habla de sacar el dinero de los Presupuestos Generales. Muy bien. Pero, con la recaudación en caída libre por la crisis, un PIB que no despega y más de cuatro millones de parados, ¿de qué partidas vamos a detraer esos fondos? ¿Por qué no lo dijo el candidato socialista?

Y la tercera incógnita viene implícita en la propia contradicción del candidato acerca del carácter finalista de los fondos. Así, primero dijo: “Vamos a ver si todas [las comunidades] lo dedican a sanidad”, expresión que reflejaría un deseo cuyo cumplimiento no depende de uno mismo. Pero después añadió: “Nos aseguraremos de que así sea”. No queda claro, pues, si el Gobierno, o el candidato socialista, según se mire, están pidiendo a las comunidades que destinen ese dinero extra y de origen incierto a sanidad o están anunciando que les van a obligar a ello. No hay que olvidar que, tal como está planteado el actual sistema de financiación autonómica, el Estado no puede dedicar fondos a sanidad de forma finalista, por lo que sería necesario un cambio del sistema que, con el ingente poder autonómico acumulado por el PP en mayo, no parece sencillo.

En definitiva, que está muy bien hablar de salvar a la sanidad pública, pero tal como está la cosa lo mínimo es pedirle a Rubalcaba que no deje de concretar cómo va a llevar a cabo su propuesta. No vayamos a quedarnos en las cifras redondas y, sin querer, estemos haciendo electoralismo con un tema que debería estar fuera de la guerra política de bajo nivel a la que estamos tan acostumbrados.