| viernes, 23 de septiembre de 2011 h |

Marta Ciércoles es periodista del diario ‘Avui’

Como si no tuviéramos ya bastante con los recortes sanitarios que poco a poco van minando nuestro sistema público de salud, ahora debemos temer, además, que pueda llegar el día en que los laboratorios decidan dejar de suministrar medicamentos esenciales a nuestros hospitales por falta de pago. La amenaza ya se ha hecho realidad en Grecia y, aunque España no es Grecia, tal como se afanan a recordarnos los máximos responsables del Ministerio de Sanidad, las miradas ya han apuntado a nuestro país.

La compañía Roche anunció recientemente su decisión de cortar el suministro de fármacos a algunos hospitales griegos, que acumulan deudas millonarias y que no pagan facturas desde hace tres o cuatro años. El director general de la multinacional suiza, Severin Schwan, se encargó de dar algunos detalles más en una entrevista en The Wall Street Journal, en la que además de exponer la crítica situación griega, apuntaba que otros países, como España y Portugal, también presentaban una situación lo suficientemente preocupante como para llegar a plantear medidas similares. Saltó la alarma y, rápidamente, desde el ministerio tuvieron que salir al paso con mensajes tranquilizadores: “La sanidad pública está garantizada”. “España es un país solvente que paga sus deudas”… En definitiva, que “España no es Grecia”, tal como twiteó el secretario de Estado de Sanidad, José Martínez Olmos.

También desde Roche España se intentó quitar hierro al asunto, a pesar de que la deuda de los hospitales públicos españoles con el sector farmacéutico asciende ya a más de 5.400 millones de euros y que la demora media en el pago es de un año y dos meses. Pero la piedra ya había sido lanzada y los responsables de Roche habían dejado bien claro hasta dónde estaban dispuestos a llegar.

Si las palabras de Schwan deben considerarse o no una amenaza, que cada cual lo juzgue. Que las empresas privadas tienen como finalidad el lucro y que están en todo su derecho de dejar de suministrar a clientes morosos, está más que claro y de sobras asumido. Pero lo que en este caso hace que las cosas no sean tan sencillas es la especial sensibilidad de la materia de la que hablamos. La misma que obliga a que la relación entre las farmacéuticas y los sistemas sanitarios públicos sea un juego de equilibrios en el que las dos partes necesitan a la otra para mantenerse y avanzar. Pero la crisis actual lo ha complicado todo y, mientras los gobiernos aplican recortes que incluyen rebajas sustanciales de los precios de los fármacos para reducir la factura farmacéutica, las compañías contraatacan y olvidan, como parece que ha hecho Roche, momentos en que otras circunstancias extremas, favorecieron negocios redondos. ¿Alguien olvida el Tamiflu?