| viernes, 27 de noviembre de 2009 h |

Marta Ciércoles es periodista del diario ‘Avui’

No hay nada más absurdo que aquellos problemas que no cesan de crecer a pesar de que existen soluciones para detener el desastre. Ocurre en muchos ámbitos. También en el sanitario. Hace pocos días se celebró el Día Europeo del Uso Prudente de los Antibióticos. Es verdad, los días mundiales, europeos, internacionales o lo que sea, proliferan con tanta facilidad desde hace unos años que se diluyen en el calendario y acostumbran a perder buena parte de su sentido. Pero también es cierto que el hecho de que existan revela la realidad de una situación grave que requiere una respuesta colectiva. El día dedicado al buen uso de los antibióticos no es, ni mucho menos, tan mediático como el día contra el sida, el día contra el cáncer de mama o el día del alzhéimer. Pero, sin duda, se hace eco de una cuestión que merece mucha más atención y esfuerzo de los que hoy se le están prestando por parte de toda la sociedad.

Muchas veces actuamos como si los antibióticos hubiesen existido desde siempre. Como si almacenarlos en el botiquín de casa fuera algo tan normal como tener una caja de paracetamol. Tampoco dudamos en utilizarlos ante una gripe, a pesar de que son del todo inútiles para combatir los virus. Los utilizamos cuando queremos y como nos parece y, cuando nos los receta el médico, a menudo abandonamos el tratamiento en cuanto nos encontramos algo mejor a pesar de sus indicaciones. Y todo esto porque, muy probablemente, no se ha insistido suficiente en dar a conocer entre la población general el gran problema que supone la aparición de bacterias multirresistentes a los antibióticos. Así que, mientras que, por ejemplo, la vacuna contra la gripe A genera entre los ciudadanos reticencias y desconfianza, tomar antibióticos sin prescripción médica continúa sin despertar excesivos temores.

Lo cierto es que las resistencias a antibióticos son ya una amenaza indiscutible para la salud pública e individual, además de disparar los costes sanitarios. La Sociedad Española Enfermedades Infecciosas volvía a advertir esos días de que España y otros países mediterráneos se encuentran a la cabeza de Europa en lo que se refiere a automedicación, mal uso de los antibióticos y aparición de resistencias. Si en seis años Francia ha conseguido reducir en un 34 por ciento la tasa de resistencia a la meticilina de Staphylococcus aureus aislado en sangre de pacientes graves… ¿por qué en España ha aumentado en un 14 por ciento en el mismo periodo?

Creo que las autoridades sanitarias tienen la obligación de insistir con campañas efectivas y a través de los profesionales sanitarios en la necesidad de hacer un uso prudente de los antibióticos. Es urgente y necesario si no queremos regresar a una era anterior, en la que no eran posibles ni los trasplantes, ni la quimioterapia ni los cuidados intensivos.