| viernes, 08 de febrero de 2013 h |

La segunda edición de las subastas andaluzas pasará a la historia por, al menos, tres características principales. En primer lugar, y como ya venimos advirtiendo conjuntamente con todo el sector, las subastas suponen un riesgo real para la población andaluza y para el sector farmacéutico en su conjunto. Los andaluces van a estar tratados durante los próximos años, si el Gobierno de Mariano Rajoy, que ya llega tarde, no lo remedia, por medicamentos producidos y distribuidos por compañías desconocidas, en muchos casos, incluso para los farmacéuticos. No es de extrañar. Alguna de ellas, como Abamed, en 2012 vendió 600 euros. Este ejemplo no es la excepción. Las ventas que suman entre todas las adjudicatarias en Andalucía no alcanzan los dos millones de euros, un 0,68 por ciento del mercado andaluz. Esta realidad, sin duda, será un riesgo para el abastecimiento adecuado de los productos adjudicados.

Pero esta, siendo la más grave, no es la única situación extraña que se ha visto en las segundas subastas de María Jesús Montero. Al menos 14 presentaciones no cumplen con lo establecido en el artículo 60 bis, apartado 1 que rige las subastas. Algunos de estos productos hoy no están comercializados ni tenían precio autorizado por Sanidad en la fecha de convocatoria. En ellos, no cabe otra salida que anular los convenios firmados.

Por último, la chapuza que se ha visto en la resolución. Hasta 55 cambios en 186 adjudicaciones se hicieron en una corrección de errores. Corrección que no sirvió para detectar la presencia de las irregularidades. Lo dicho subastas con riesgo, irregularidades y chapuza.