Es posible que los tijeretazos presupuestarios al Ministerio de Ciencia se corrijan durante el trámite parlamentario. De no ser así, la I+D sólo será motor económico si se fomenta más la inversión privada
| 2009-10-02T17:00:00+02:00 h |

Si algo tienen de bueno los presupuestos de Ciencia e Innovación para el año 2010 es que no todos sus gastos se reducen. Algunos al menos se congelan. No se consuela quien no quiere. La ministra de Ciencia, Cristina Garmendia, insiste en que la partida global de su cartera se mantiene como en años anteriores. El director del Carlos III, José Jerónimo Navas, que la semana pasada compareció ante el Senado para explicar las competencias del centro en salud pública y en los centros de referencia asistenciales en microbiología, micología y virología, transformó su discurso en una aclaración de las informaciones que apuntaban a recortes de un 16 por ciento en el presupuesto del instituto.

Navas destacó que no se puede tener sólo en cuenta la dotación de los presupuestos generales, sino también las cuentas de explotación de las fundaciones y consorcios y éstos, según dijo, van bien servidos. Más claro fue el secretario general de Innovación, Juan Tomás Hernani, que ante el Congreso reconoció que “el dinero es poquísimo”. Pese a todo, tampoco perdió el optimismo y aseguró que, “aunque falte dinero”, España llegará al G-9 de la Innovación en 2015.

Buenos intentos todos ellos, pero los mensajes de tranquilidad no han calado en la comunidad científica, que todavía se pregunta si en la carrera por la I+D+i se ha pasado de la velocidad de crucero a la marcha atrás.

Aún hay esperanza. Es posible que los tijeretazos al Ministerio de Ciencia e Innovación se corrijan durante el trámite parlamentario. En todo caso, lo deseable sería, en primer lugar que, si se cumple, no se haga a base de parches. En segundo lugar, no viene mal tirar de las matemáticas. La ecuación está clara. La inversión en I+D+i tiene un doble carácter: público y privado. Si realmente la intención es apostar por ella para convertirla en el nuevo motor económico del país y la inversión pública se congela o reduce, sólo queda fomentar la inversión privada con más desgravaciones fiscales, más incentivos para invertir en I+D o, en el caso concreto del sector farmacéutico, más empresas con derecho a deducción en el Plan Profarma.