| viernes, 15 de julio de 2011 h |

Santiago de Quiroga

Durante años hemos asistido al debate y a discusiones estériles sobre la necesidad de más fondos para sanidad. Era estéril porque ningún consejero de sanidad ni responsable ministerial tenía la menor posibilidad de conseguir más fondos para sanidad, fondos que permitieran aliviar el agujero que cada año se producía, fruto de ofrecer lo que no se quería pagar. En el PP hablan de que el gasto per cápita para la sanidad se duplicó en las dos legislaturas que estuvieron, pero la deuda se generó entonces y se ha incrementado hasta hacerse insostenible con los dos gobiernos socialistas.

Nunca nadie pensó que la sanidad iba a estar en los discursos de Estado, en el centro de los programas. Y ya tenemos dos ejemplos muy importantes: Alfredo P. Rubalcaba lanzó en su primer discurso como candidato socialista a la presidencia que va a destinar 8.000 millones de euros más para sanidad, y mencionó que buscará fórmulas para que el dinero “acabe en sanidad” tras repartirlo a las comunidades. Por otro lado, el PP de Cataluña condiciona su abstención para facilitar la aprobación de los presupuestos de la Generalitat para 2011 a que el Gobierno de CiU se recorte un 20 por ciento los ‘chiringuitos’ que constituyen estructuras que reciben dinero público y se dedican a actividades diversas. El diputado del PP Enric Milló ha sumado ¡6.000 millones de euros! Esto es prescindible; eso es lo que quiere la sociedad. ¿O no?