Santiago de Quiroga | viernes, 07 de septiembre de 2012 h |

El anuncio de Reino Unido de poner a un ministro calificado de “reformador enérgico” es todo un signo de que es tiempo de hacer las cosas de manera diferente. Y si eso afecta a Reino Unido, España no debe ser menos, ni lo está siendo.

Las reformas sanitarias son necesarias para sacarnos del viejo y obsoleto sistema condenado a desaparecer, como hizo el telégrafo hace dos siglos. Desaparecer para dar paso a modelos que permitan un precio tan sano como la asistencia sanitaria. Es el momento de pasar de las palabras a los hechos, y al hacerlo no dejarse ningún cadáver en el camino, ni de compañías, ni de profesionales, ni de pacientes. No es tarea fácil.

Uno de los pasos en las reformas es la evaluación de medicamentos. Reino Unido quería seguir a Alemania en la implantación de un “sistema de precio basado en el valor”. Tras dos años en el cargo su principal impulsor, Andrew Lansley, deja la cartera sanitaria. Reino Unido es la referencia en el precio para la mitad de los países. Hasta ahora los precios eran acuerdos voluntarios entre la administración y las compañías que se revisaban cada cinco años. Con todo, esto ha permitido pagar al Reino Unido precios relativamente bajos, pero proporcionando la estabilidad que cualquier sector necesita. Quid pro quo.

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