| viernes, 26 de agosto de 2011 h |

Santiago de Quiroga

Con la apatía de sucesivos gobiernos, las autonomías han gastado lo que no tenían, y por eso no pagan a los proveedores del sector. La escasa imaginación de los responsables de las cuentas sanitarias han incidido en recortes de márgenes a botica y distribución, de precios sobre precios ya recortados con los Precios de Referencia, complicar el acceso a medicamentos caros e innovadores o su traslado desde la farmacia de calle al hospital, retrasando pagos y ahorrando el margen de la farmacia. La poca creatividad de siempre, pero más. Las medidas coyunturales de siempre, en dosis de choque. Pero ningún responsable político o presidente autonómico ha dicho que va a prescindir de gastos superfluos para preservar la sanidad. Y se vende a la ciudadanía que los fármacos son caros. Demagogia. Salen caros los aeropuertos sin utilizar de Castilla-La Mancha o las subvenciones y los ERE andaluces.

La sanidad hay que optimizarla, reorganizarla y volverla a diseñar. Sí, pero abandonando los recortes cortoplacistas afirmando que se gasta mucho en medicinas. Es necesario decidir ya qué queremos gastar en sanidad, porque entiendo a Ramón Luis Valcárcel, presidente de Murcia, que diga que si no le dan los recursos para sanidad, devolverá la competencia al Estado. Lo más coherente que he oído en financiación sanitaria. Que decidan los ciudadanos.