| viernes, 19 de noviembre de 2010 h |

Santiago de Quiroga

Se estrenó por partida doble la ministra de Sanidad. Por un lado, el pleno del Congreso la vio defender unos presupuestos que calificó de socialmente históricos. Al día siguiente, la Comisión de Sanidad acogió la exposición de los planes del ministerio, donde se escucharon las primeras críticas de populares y convergentes en boca de Mario Mingo y Concha Tarruella. Son buenas noticias que la ministra mencionase hasta siete veces la palabra “cohesión” en su intervención. También “calidad” e “investigación” fueron pronunciadas. Sin embargo, el presupuesto no dice lo mismo que el discurso. Las partidas presupuestarias del año próximo, como ya indicamos en EG hace varias semanas, se han reducido un 13 por ciento en Cohesión y han quedado a la mitad en Estrategias de Salud. No tiene que ser una mala noticia para ambas cosas, ya que la cohesión y la calidad no son conceptos que se materialicen exclusivamente con una partida presupuestaria. Es razonable que haya ajustes presupuestarios, pero el límite en los recortes de los mismos es la cohesión y la calidad de las prestaciones. Sabemos, además, que la ministra quiere dar prioridad a los acuerdos del Consejo Interterritorial, a la nueva Orden de PR y a las unidosis (tema recurrente con cada responsable de esta cartera). Se habla de ahorrar 300 millones de euros. Si eso fuera posible, médicos, farmacéuticos e industria lo apoyarían con entusiasmo. El papel lo aguanta todo, hasta las unidosis.