Sin ser aún un problema grave de salud pública, la situación sobre el uso de opioides en España es preocupante. “En 15 años, hemos pasado de una situación en la que prácticamente prescribir un opioide estaba restringido a situaciones de oncología o situaciones muy propias de su indicación, a utilizarlo de una forma masiva en determinados dolores donde su indicación es bastante controvertida”, expone José Manuel Paredero, presidente de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP), en una entrevista con EG.

José Manuel Paredero, presidente de SEFAP.

En este contexto, Paredero destaca que se ha pasado de realizar prescripciones en exclusiva en dolores oncológicos o dolores tras una fractura, a “pautarlos de forma crónica a dolores de espalda“. “Estamos viendo parches de fentanilo de la dosis más alta (100 mcg), para la artritis reumatoide, la artrosis y, prácticamente, para cualquier dolor”, denuncia. Y es que, según relata, en muchos casos, el uso de opioides no está validado por estudios a largo plazo y, para conseguir el efecto deseado, se deben utilizar a dosis muy elevadas, siendo “extremadamente peligrosas para determinados pacientes”.

Manejar los opioides a tiempo

El principal problema que observan los farmacéuticos de Atención Primaria (FAP) es que, una vez se inicia el tratamiento con opioides, “hay muy poco seguimiento. “Si no se hace un seguimiento de un medicamento que tiene muchos riesgos y que hay que vigilar bien y valorar si realmente está funcionando, hay un porcentaje de pacientes donde se va de las manos”, recalca el presidente de SEFAP.

Y es ahí, precisamente, donde entra el farmacéutico de AP. “En 2010 fuimos los primeros en dar la voz alarma de lo que estaba pasando con el fentanilo transmucosa“, señala Paredero. Este opioide se está utilizando fuera de la indicación, provocando problemas de salud “muy graves” a las personas. “Es una adicción con conductas aberrantes y con situaciones que, al final, nadie se ha querido hacer cargo de ellas y ha habido muchos pacientes que han fallecido por esto”, lamenta.

En este sentido, tal y como apunta Paredero, en el ámbito ambulatorio, los farmacéuticos de primaria están “hartos” de ver en los informes que se pautan altas dosis y el médico, en muchas ocasiones, “no está viendo al paciente ni haciendo seguimiento, porque este no va a consulta o, cuando va, no tiene capacidad para manejar el opioide en el tiempo“.

Y es que en el manejo de la reducción de un opioide, “aparte de ser complicada, sobre todo, cuando está a altas dosis, el paciente suele ser muy reacio”. “Tienes que dedicarle mucho tiempo y varias consultas. No es nada fácil y el manejo de estos pacientes es una de las cosas que está proponiendo el plan o la estrategia nacional de opioides”, señala el presidente de SEFAP.

Hay un problema de tiempo, de seguimiento y de muchas dudas y muchas lagunas sobre cómo hacer una desescalada de los opioides adecuadamente, sin que genere un síndrome de abstinencia. Con lo cual, lo que se opta en la mayoría de casos es dejarlo estar. Y eso es un problema, porque no deja de crecer”, indica.

Integrar a los FAP

El Plan de optimización de la utilización de analgésicos opioides en dolor crónico no oncológico, aprobado en España en 2021, incluye la definición de 19 medidas de actuación enmarcadas en cinco ejes de actuación: optimizar la prescripción; mejorar la utilización y potenciar el seguimiento farmacoterapéutico; optimizar el manejo de la adicción; mejorar la comunicación a los pacientes y sensibilizar a la población; y seguimiento y vigilancia del consumo.

Además, la colaboración conjunta entre las administraciones y los profesionales sanitarios es indispensable para alcanzar un control óptimo del dolor en el paciente y un uso adecuado de opioides. Y el Plan de Acción sobre Adicciones 2021-2024 del Ministerio de Sanidad incluye la atención integral y multidisciplinar, con el objetivo de “promover la colaboración de los agentes implicados en la prevención y la correcta utilización de fármacos con potencial adictivo y favorecer la respuesta de la red asistencial de adicciones para las personas con problemas asociados a su uso”.

Este plan, aunque sí integra al farmacéutico, lo hace “menos de lo que nos gustaría”, según el presidente de SEFAP. “Independientemente del plan, hay ciertas cosas que podemos hacer nosotros, los farmacéuticos de Atención Primaria”, agrega Paredero.

Así, al hablar de identificar a esos pacientes, de detectarlos y de priorizar las actuaciones que se puedan hacer sobre ellos, “los únicos que lo pueden hacer hoy en día son los FAP”. “Nosotros somos los que podemos extraer la información de consumo a nivel poblacional y establecer cuáles son los pacientes por cada grupo, por cada profesional, gestionando el riesgo y priorizando cuáles son los que los que requieren una atención más inmediata. Y, en un momento dado, somos los que podemos contactar con los médicos“, resume Paredero.

Asimismo, pone de manifiesto que, dependiendo de la comunidad autónoma, los FAP pueden incluso “modificar esas prescripciones a la hora de hacer suspensiones cautelares o hacer alguna actuación cautelar cuando ya pueda ser algo que ponga en riesgo la vida del paciente”.

Trabajo multidisciplinar a nivel regional

Partiendo del Plan nacional, las comunidades están llevando a cabo sus propias estrategias. Por ejemplo, Galicia ya aplica un plan para atajar el abuso de opioides, como el fentanilo y, en concreto, el área de Vigo encabeza la estrategia para limitar su uso.

Por otro lado, Andalucía, a través de la Consejería de Salud y Consumo, ha impulsado un procedimiento de actuación en pacientes con adicciones a opioides de prescripción médica con el objetivo de abordar el tratamiento a estas personas y reducir los casos de adicciones.

“Este plan de acción se dirige a pacientes que, tras una prescripción médica para combatir el dolor, han desarrollado un patrón de abuso o dependencia del fármaco, lo que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos“, destaca la Consejería de Salud andaluza. Además, advierte de que esta situación puede derivar en el consumo de opioides ilegales (como la heroína o el fentanilo de origen ilícito) con diversas consecuencias negativas.

En este sentido, Andalucía cuenta con los Servicios de Farmacia de Atención Primaria, que serán los encargados de detectar, a través del sistema de información del consumo de recetas, los pacientes con dosis abusivas de opioides. Los datos de esos pacientes se comunicarán a sus médicos correspondientes y estos establecerán un plan de acción personalizado y realizarán un seguimiento periódico a estos usuarios. Del listado de pacientes se excluirán aquellos que, por su situación clínica (cáncer, enfermedad avanzada, terminales, etc.), no fueran candidatos a esta intervención, apunta la Consejería regional.


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