Durante la celebración del reciente 68º Congreso de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) en Bilbao, tuvo lugar el simposio ‘Una herramienta en la evaluación de fármacos: un ejemplo en oncología médica’, impulsado por Pfizer, en el que se explicó la utilidad de la herramienta LHH (Likelihood to be Helped versus Harmed o la probabilidad de beneficiar o dañar), aplicada en el contexto de una reciente publicación sobre fármacos para el tratamiento del cáncer de mama, tanto desde la vertiente clínica como desde el punto de vista metodológico.

Para profundizar sobre esta herramienta para la evaluación de medicamentos, EG entrevista a Juan José García Albás, farmacéutico del Hospital Universitario de Araba (Vitoria) y moderador del simposio, quien explica que “tiene en cuenta tanto los beneficios de los fármacos como los efectos adversos en un mismo indicador”. En resumen, cuenta García Albás, “combina el NNT (número necesario de pacientes a tratar para que un paciente experimente un beneficio) con el NNH (número necesario de pacientes tratados para que un paciente experimente una reacción adversa por el tratamiento)”.

Utilidad en todas las áreas terapéuticas

La herramienta LHH permite comparar entre distintas alternativas terapéuticas “que se hayan estudiado con unos mismos criterios”. “En oncología puede ser igual de útil que en otras especialidades médicas”, señala el farmacéutico hospitalario. Eso sí, insiste en que “se puede emplear para la comparación de cualquier tipo de fármaco con otro siempre y cuando se utilicen datos de calidad y resultados de eficacia y de seguridad obtenidos en las mismas unidades de medida”.

Habitualmente, para la evaluación de fármacos, se emplean indicadores que hacen referencia a la eficacia y, por otro lado, se valoran los efectos adversos. Así, la ventaja de esta herramienta es que permite la combinación de ambos resultados (eficacia y seguridad) en un único indicador.

De hecho, se trata de una gran ayuda para los profesionales sanitarios “siempre que se utilice con evidencia de calidad”. Y es que puede servir para comparar alternativas terapéuticas “de forma sencilla y se puede interpretar como ‘cuánto espero ayudar a mis pacientes respecto a lo que les voy a poner en riesgo por los efectos adversos del tratamiento'”, expone elf farmacéutico hospitalario.

Por otro lado, para los pacientes puede ser una herramienta fácil de interpretar y, por tanto, de “expresar sus preferencias”. “Se puede explicar al paciente como ‘cuántas veces es más probable que el tratamiento te beneficie respecto a lo que te perjudique’ en base a los resultados del estudio o de los estudios considerados”, afirma García Albás.

Evaluaciones en los Servicios de FH

A pesar de las numerosas ventajas y los beneficios que supone tanto para profesionales como pacientes, García Albás apunta que, por el momento, el LHH “no ha sido implementado de forma habitual” en las evaluaciones de fármacos en los Servicios de Farmacia de los hospitales españoles. En su opinión, cree que es debido al “desconocimiento“, ya que “hasta la fecha se ha aplicado principalmente en investigación y tampoco hay un excesivo número de publicaciones que lo hayan empleado”.

En concreto, el farmacéutico hospitalario explica que en Farmacia Hospitalaria, la evaluación de medicamentos se basa normalmente en la aplicación del programa ‘Madre’ de la SEFH. “Ya va por la versión 4.0 y es una herramienta muy sistematizada que emplea la evidencia disponible de los fármacos y los evalúa en base a una serie de apartados estándar”, indica. “También se tienen en cuenta las evaluaciones llevadas a cabo por organismos independientes. Por ejemplo, los informes de posicionamiento terapéutico (IPT) de la Agencia Española del Medicamento (AEMPS) o los informes de otras agencias de evaluación de tecnologías sanitarias como el NICE del Reino Unido”, agrega.

Por tanto, García Albás entiende que LHH es “una herramienta adicional a las ya disponibles y que, si se emplea utilizando evidencia de calidad, permite una aproximación global al clínico respecto al balance beneficio riesgo de las diferentes alternativas terapéuticas disponibles en cada contexto clínico”.

Por otro lado, asegura, esta herramienta no tiene en cuenta los costes y, por consiguiente, no valora la posible eficiencia comparada de los tratamientos. Algo que también “puede ser muy relevante en la toma de decisiones tanto a nivel local, hospitalario o político“, concluye.


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