Por el Día Mundial del Sida, El Global ha querido conocer el trabajo de los profesionales farmacéuticos del Hospital Ramón y Cajal, que cuenta con un área puntera en la investigación y tratamiento de esta enfermedad. Manuel Vélez Díaz-Pallarés es doctor en farmacia y trabaja en la unidad de Pacientes Externos del Hospital Ramón y Cajal y es responsable del área de VIH. Una de sus funciones es la de brindar una atención farmacéutica a quienes padecen esta dolencia, que son cerca del 30 por ciento de los doce mil pacientes de la unidad y que a su vez representa la principal afección. «El objetivo que buscamos es que las personas que viven con VIH estén lo mejor de salud posible, que tengan las defensas más altas y la carga viral indetectable», explica Manuel. Su departamento es uno de los más avanzados en este campo gracias a la implicación de sus profesionales en mejorar la calidad de vida de quienes lo sufren.

El VIH no tiene cura, pero se ha logrado cronificar. En la actualidad se puede llevar una vida prácticamente normal a pesar de tener esta dolencia. Aquí es donde se encuentra el gran objetivo que desde el Ramón y Cajal se han propuesto desde hace años: ofrecer una atención farmacéutica integral que vaya más allá de la dispensación. Una clave que les diferencia de otros hospitales. De hecho, su área ha sido galardonada en los premios Best in Class (BiC) y también ha cosechado reconocimientos del Ayuntamiento de Madrid o de la SEFH.

«Tenemos la vocación sanitaria de ayudar a los demás y mejorar su salud»

Manuel Vélez Díaz-Pallarés, encargado del área VIH del Hospital Universitario Ramón y Cajal

Atención farmacéutica hospitalaria

En su área realizan un seguimiento farmacoterapéutico, un tipo de atención que facilita el Hospital. De esta forma aseguran el buen uso de la medicación por parte del paciente; controlan si acude a sus citas; revisan la adherencia al tratamiento; vigilan las interacciones con otros medicamentos; identifican y notifican las reacciones adversas; o marcan objetivos a largo plazo. «Tenemos la vocación sanitaria de ayudar a los demás y mejorar su salud», comenta.

Durante su día a día realiza más de 30 consultas. La mayoría son presenciales, pero también desarrolla la atención farmacéutica por teléfono. En el hospital tratan a más de 3300 personas, todos ellos mediante cita previa. Más de la mitad de los cuales reciben la medicación en su domicilio. «El paciente está contento por la atención que le prestamos. Incidimos mucho en que el VIH, bien controlado, no tiene por qué repercutir en la calidad de vida». Todos los esfuerzos están destinados a poner al paciente en el centro y facilitar todas las soluciones a los posibles problemas que puedan surgir. «Aquí brindamos un acceso más fácil al sistema sanitario, son personas que necesitan una mayor atención», argumenta Manuel.

«Somos los responsables de que la gente esté en tratamiento y que este sea el más eficaz posible»

Manuel Vélez Díaz-Pallarés, encargado del área VIH del Hospital Universitario Ramón y Cajal

Objetivos a nivel mundial

El objetivo, en línea con ONUSIDA, es el conocido como ‘95-95-95‘. Es decir, que el 95 por ciento de los pacientes sepan que tienen esta enfermedad —en nuestro país, cerca del 15 por ciento lo desconoce—, que el 95 por ciento de quienes contraen la enfermedad accedan al tratamiento y que de todos ellos el 95 por ciento tenga el virus indetectable y, por tanto, no pueda contagiar. «Es un objetivo de salud pública», remarca. En los últimos tiempos se le ha añadido un cuarto 95, que hace referencia a que el 95 por ciento de los pacientes aseguren tener una buena calidad de vida.

Para lograrlo, el papel de los farmacéuticos hospitalarios es esencial. «Somos los responsables de que la gente esté en tratamiento y que este sea el más eficaz posible», remarca Manuel. De los tres puntos, España supera el 90 por ciento en los dos últimos. El problema se halla en el primero. En concreto, el 50 por ciento de los diagnósticos son tardíos. Muchas personas desconocen que tienen VIH y eso provoca que tengan un sistema inmunológico más deprimido a la hora de iniciar el tratamiento. Y eso conlleva una mayor mortalidad, peor calidad de vida o más comorbilidad.

Importancia de la investigación

El área del Ramón y Cajal tiene varias líneas de investigación orientadas a un paciente que cada vez tiene más edad. «No hay muchos estudios que hablen de envejecimiento y VIH». Más de la mitad de las personas que atienden son mayores de 55 años. «Creemos que hay que hacer algo al respecto». Sobre todo teniendo en cuenta que la población afectada tenga un mayor deterioro y envejezca entre 10 y 15 años antes.

Una segunda línea importante es la vertiente social. Colaboran con diversas ONG para ayudar a la población vulnerable, especialmente a personas migrantes que no tienen recursos para costearse el tratamiento. Y otra se centra en mejorar la calidad de vida del paciente. Acabar con el estigma, dar indicaciones de higiene del sueño, mejorar hábitos, consejos dietéticos, o el ejercicio físico, entre otros.

En la unidad tienen un sistema robotizado para el control cuantitativo y cualitativo de la dispensación, así como el control de caducidades y de stock.

Recorrido por delante

A pesar de los grandes avances en los últimos años, aún queda mucho por hacer. Hay varias demandas para luchar contra una enfermedad que ha acabado con la vida de más de 60 mil personas en los últimos 40 años. Por ejemplo, que se contraten a más profesionales y que estos tengan una mejor estabilidad laboral, también que haya un mayor acceso al sistema sanitario para todos los pacientes, la integración de la historia clínica o más inversión en cribados a través de la atención primaria. Todos estos factores redundarían en un mejor tratamiento al paciente para ofrecerle las mejores soluciones, que es el principal valor de todos los farmacéuticos.


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