La Sanidad no permanece ajena a los avances tecnológicos que marcan el presente de nuestra sociedad. Por ello, cada vez más el concepto de salud digital (e-salud) forma parte del día a día del sistema sanitario español.

La ‘cibermedicina’ alude a la aplicación de las tecnologías de la información y las comunicaciones para la atención de salud, la vigilancia y la documentación sanitaria. No solo en lo referente a la atención directa al paciente, sino en los procesos y procedimientos, gestión, etc.

No cabe duda que con la aparición de la crisis sanitaria de la COVID-19, la e-salud ha cogido más peso. Para muestra, cerca de 116.000 pacientes externos se han beneficiado de servicios como la telefarmacia implantada por los hospitales para facilitar el acceso a su medicación sin acudir a estos centros, y que va a acompañada de la consulta telemática. Así lo reveló una encuesta de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH).

A continuación, EG hace repaso de otros avances recientes en la aplicación de la tecnología y digitalización en la Sanidad.

Receta electrónica e interoperabilidad

El 29 de octubre de 2003 está marcado como uno de los hitos importantes de la aplicación de las nuevas tecnologías en las oficinas de farmacia.

Ese día, una botica de Sevilla dispensaba la primera receta electrónica a un paciente. Sin embargo, tuvieron que pasar trece años hasta que las dispensaciones electrónicas fueran una realidad en toda la red de farmacias nacionales.

Y tras este primer reto, llegó otro: lograr la plena interoperabilidad de los modelos de e-receta autonómicos. Las CC. AA pioneras en introducirla fueron Extremadura y Canarias en 2015 que asumieron la fase de pruebas, y una vez Sanidad dio por finalizado con éxito el pilotaje, en una segunda fase (2016), el Ministerio incorporó a Castilla-La Mancha y Navarra, como regiones emisoras y receptoras de e-recetas de dichas comunidades.

Comunidad Valenciana fue la siguiente en incorporarse al proyecto de interoperabilidad de receta electrónica. Desde febrero de 2017 sus boticas pudieron despachar las prescripciones electrónicas prescritas en las regiones que ya habían sido incorporadas al proyecto. Igualmente, los pacientes de esta región podían retirar sus medicamentos en las otras cuatro autonomías con la presentación de la tarjeta sanitaria.
Así, con cuenta gotas, durante los siguientes años fueron incorporándose Navarra, Galicia, Aragón, La Rioja, Castilla-León, Murcia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Cataluña, Baleares, Andalucía, Ingesa (Ceuta y Melilla), hasta por fin llegar a la última incorporación a este servicio común para para dispensar y prescribir recetas interoperables: Madrid, la capital española fue la última en unirse en marzo de 2019, completando así la plena interoperabilidad de la receta en España.

Telemedicina

La telemedicina, que ya venía siendo una realidad, ha tenido su punto álgido con la pandemia. La crisis sanitaria demostró que algunos servicios como las consultas online son herramientas de gran utilidad tanto para los profesionales como para los propios centros asistenciales. Así bien, debe de realizarse con aquellos pacientes que son candidatos a ello. Es decir, las consultas deben reorganizarse y atender presencialmente a los que lo necesiten y de forma telemática a otros.

Sin embargo, el inicio de la telemedicina se remonta a años atrás, cuando algunos hospitales comenzaron a buscar opciones para poder alcanzar a los pacientes ubicados en zonas remotas; por ejemplo, zonas rurales. El enorme potencial que alberga este servicio permite solucionar colapsos sanitarios en áreas urbanas con escasez de servicios y responder a emergencias médicas con celeridad, y la posibilidad de compartir en el acto información.

Apss y wearables

Además, el impulso del autocuidado de la salud se evidencia en el desarrollo de múltiples apps móviles, wearables y webs, que constituyen un gran apoyo para la consolidación de la telemedicina. Cada vez más pacientes se muestran proactivos en el control de su salud.

Las aplicaciones del ámbito sanitario se han hecho muy populares, permitiendo a los usuarios un camino fácil para registrar varios elementos de su salud, que después pueden permitir al médico realizar un seguimiento remoto. Desde pulseras inteligentes y smartwatches, que miden la actividad física y la frecuencia cardiaca hasta un dispositivo para diabéticos que permite medir de forma continua los niveles de glucosa, mediante un sensor subcutáneo, y hace saltar una alarma en el móvil ante una subida o bajada de azúcar.